Panamá y las nuevas amenazas a su integridad

El malabarismo que debemos jugar como país es extremadamente delicado para lograr un balance entre los intereses geopolíticos de los Estados Unidos.
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No es objeto de discusión el hecho de que Panamá está en las noticias internacionales. Las mentiras de Trump sobre Panamá, su Canal y la influencia de China, esconden otros objetivos de seguridad nacional. Una invasión no logrará el objetivo de Trump y sus nuevos entusiastas colaboradores y tomarse el control del Canal de Panamá. Los Estados Unidos buscan una mayor participación en los asuntos del Canal de Panamá y ubicar nuevas bases militares en nuestro territorio.

 La neutralidad o el fair play para todos los usuarios del Canal no es lo que satisface a los Estados Unidos. Lo que busca, más bien, es ser el árbitro de las decisiones sobre el movimiento de buques por el Canal de Panamá como un objetivo de su seguridad nacional; así como también tener presencia militar en territorio panameño que deje muy claro al mundo quién tiene el control de esta vía interoceánica.

 En estos nuevos juegos geopolíticos las naciones pequeñas o débiles terminamos siendo los peones de fuerzas económicas y militares mucho más fuertes. La economía panameña es del tamaño de un mosquito frente a la economía de los Estados Unidos (un elefante). Y lo peor, nuestro mayor socio y aliado comercial sigue siendo los Estados Unidos a diferencia de los movimientos sísmicos en la América Latina, donde China es hoy el mayor socio comercial de países como Argentina, Brasil, y Perú. 

El malabarismo que debemos jugar como país es extremadamente delicado para lograr un balance entre los intereses geopolíticos de los Estados Unidos y nuestra soberanía e integridad territorial. Conciliar los intereses de los Estados Unidos con los intereses nacionales y a la vez no desperdiciar una relación comercial y cultural con China, es la gran estrategia para desarrollar. Ambos gigantes comerciales deben sentirse cómodos con Panamá sin inclinar la balanza en temas comerciales, culturales o de seguridad que implique un perjuicio o amenaza para el otro.

¿Logrará Panamá balancear sus intereses nacionales con los intereses geopolíticos de Estados Unidos y China? Estamos entrando en una nueva era del Realpolitics. Los Estados Unidos ha puesto las cartas sobre la mesa. Nos corresponde como país y con tan malas cartas en la mano, tratar de encontrar una salida honrosa a una mala jugada.

 No nos merecemos una abdicación humillante. A la fecha, hemos jugado un rol en la reversión de los movimientos migratorios de repatriación.   Nuestra colaboración debe ser con deportados latinoamericanos y no de otras latitudes. No somos un vertedero de seres humanos. Igualmente, los ejercicios conjuntos para la supuesta protección y defensa del Canal, no pueden tener la categoría de permanentes.

Panamá no cuenta con un ejército ni los entrenamientos que va a proporcionar el Pentágono pueden tener la calidad de permanente.  Disfrazar las bases militares con ejercicios militares de defensa y protección del Canal diseñadas para el consumo de los panameños, no se lo va a tragar nadie.  Yo espero una reacción del mundo. 

Pero una división ideológica dentro de los Estados Unidos puede conducir a una crisis de mayores proporciones. Son tiempos interesantes. Un sector de los Estados Unidos tiene temor a un mundo distinto y menos occidental. La nueva administración del Presidente Trump ha empezado con un apetito voraz para alterar un mundo que a todas luces ha podido sostenerse y prosperar como nunca en la historia de la humanidad. Sigo siendo un optimista. Panamá es un país bendecido. De peores momentos hemos salido victoriosos. Este es otro capítulo más de una lucha constante.

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