Alain Delon: la despedida de un ícono del cine francés

La muerte de Alain Delon ha dejado un vacío en el cine francés.
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Con más de ochenta películas en su haber, muchas de ellas consideradas obras maestras, Delon dejó una marca indeleble en la historia del cine

Este domingo, a los 88 años de edad, falleció Alain Delon, uno de los actores más icónicos y controvertidos del cine francés. La noticia de su muerte fue anunciada por sus tres hijos en un comunicado enviado a la agencia France Presse, donde expresaron su profunda tristeza por la pérdida de su padre, quien murió pacíficamente en su casa de Douchy-Montcorbon, rodeado de sus seres queridos. «Melancólico, popular, reservado, era más que una estrella: un monumento francés», dijo el presidente Emmanuel Macron en una emotiva publicación en redes sociales, resaltando la trascendencia de Delon en la cultura francesa.

Una carrera brillante y controvertida

Alain Delon, nacido el 8 de noviembre de 1935 en Sceaux, cerca de París, comenzó su vida con dificultades. Hijo de padres divorciados, pasó parte de su infancia en un internado católico, donde su carácter indomable ya comenzaba a forjarse. Tras un turbulento paso por la Marina francesa, donde fue dado de baja deshonrosa tras varios incidentes, Delon encontró su verdadera vocación en la actuación casi por accidente. Fue en el Festival de Cannes de 1957, acompañando a la actriz Brigitte Auber, donde fue descubierto por un cazatalentos que le ofreció un contrato en Hollywood. Sin embargo, Delon decidió quedarse en Francia, iniciando así una prolífica carrera que lo llevaría a ser conocido como el «James Dean francés».

Durante las décadas de 1960 y 1970, Delon se consolidó como una de las principales figuras del cine europeo, trabajando con algunos de los directores más prestigiosos de la época. Su actuación en «Rocco y sus hermanos» (1960), dirigida por Luchino Visconti, marcó el inicio de una colaboración que continuaría en «El Gatopardo» (1963), donde compartió protagonismo con Burt Lancaster. Su papel en «Le Samouraï» (1967) de Jean-Pierre Melville, lo inmortalizó como el frío y calculador asesino Jef Costello, un personaje que encapsuló la esencia de su presencia en pantalla: distante, misteriosa y peligrosamente encantadora.

Pero su carrera no estuvo exenta de controversias. A lo largo de su vida, Delon fue un personaje polémico, tanto dentro como fuera de la pantalla. En 1968, el asesinato de su guardaespaldas, Stevan Markovic, lo colocó en el centro de un escándalo que involucraba a figuras políticas de alto perfil en Francia. Aunque Delon nunca fue condenado, el caso marcó un punto oscuro en su carrera. A esto se sumaron sus declaraciones públicas que sugerían homofobia y misoginia, las cuales resurgieron cuando el Festival de Cannes le otorgó una Palma de Oro honoraria en 2019, generando protestas de varios colectivos.

El crepúsculo de una estrella

En los últimos años de su vida, Delon enfrentó graves problemas de salud. En 2019 sufrió un derrame cerebral que marcó el inicio de un deterioro físico que lo llevaría a vivir sus últimos días bajo el cuidado de su familia. Durante este tiempo, Delon habló abiertamente sobre su apoyo a la eutanasia, expresando su deseo de morir con dignidad y sin sufrimiento. «No tengo miedo a morir, todos vamos hacia allá, pero tengo miedo al sufrimiento. No quiero acabar en una cama de hospital», se lamentó en 2022.

La relación de Delon con sus hijos también se tornó compleja en sus últimos años, culminando en una amarga disputa por su cuidado médico. En el verano de 2023, sus tres hijos presentaron una denuncia contra su dama de compañía, Hiromi Rollin, acusándola de aprovecharse de la debilidad del actor. Este conflicto familiar, conocido como el «affaire Alain Delon», fue ampliamente cubierto por los medios franceses, reflejando la turbulenta vida personal del actor hasta sus últimos días.

Un legado inmortal

La muerte de Alain Delon ha dejado un vacío en el cine francés, pero su legado permanece intacto. Con más de ochenta películas en su haber, muchas de ellas consideradas obras maestras, Delon dejó una marca indeleble en la historia del cine. Sus interpretaciones en películas como «El Gatopardo», «Le Samouraï» y «Rocco y sus hermanos» no solo lo consolidaron como una estrella internacional, sino que también definieron una era del cine francés.

Delon no solo era un actor, sino una figura cultural, un ícono que trascendió las fronteras del cine para convertirse en un símbolo de la melancolía y el encanto francés. A pesar de las controversias y los escándalos que lo rodearon, su contribución al cine es innegable y seguirá siendo celebrada por generaciones.

Con su muerte, se cierra un capítulo importante en la historia del cine, pero Alain Delon será recordado no solo por su talento, sino también por su complejidad como individuo. Como dijo Emmanuel Macron, Delon era más que una estrella; era un monumento, un reflejo de la Francia del siglo XX, con todas sus luces y sombras. Su legado vivirá en las películas que dejó y en la memoria colectiva de un público que lo amó y lo odió en igual medida, pero que nunca pudo ignorarlo.

Alain Delon, un hombre que vivió intensamente tanto en su carrera como en su vida personal, ha dejado una huella indeleble en el cine y la cultura francesa. Su muerte marca el fin de una era, pero su legado como uno de los grandes del cine perdurará, inmortalizado en las imágenes y las historias que ayudó a contar. Con él, se va una parte esencial de la historia del cine francés, pero su espíritu continuará inspirando a actores, directores y espectadores en todo el mundo.

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