La amenaza parasitaria

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La verdadera peste, la que desde finales del siglo pasado amenaza a las naciones latinoamericanas, es el parasitismo. En términos simples y según lo define la biología, un parásito es aquella criatura que vive a expensas de otra, en la cual se aloja para exprimirla, alimentarse de ella y sobrevivir a su costa. Igual como hacen los políticos de estos lares, que se alojan en los Estados y en las sociedades, y las dominan, las controlan, chupan de su sangre y con ella de sus privilegios, prebendas y riquezas. Incapaces de vivir por mérito y esfuerzo propios, se montan en el aparato gubernamental del país y viven de los presupuestos, de las dietas y gastos de representación exorbitantes, con los cuales sostienen sus lujos, sus vanidades y derroches.

El parasitismo político es la más peligrosa de las amenazas que afronta este rincón del mundo en lo que va del siglo. Porque igual que una infección, se extiende a otras áreas de la vida nacional infestando al resto de la sociedad. Para un parásito, el suyo es el único estilo de vida que existe; por ello percibe al resto de las criaturas como semejantes. Por consiguiente, desde el parasitismo político se promueve el social: un político es anulado por una ciudadanía educada, pensante, autosuficiente y con criterio propio. Una persona responsable de sí misma y con la capacidad de forjarse su propio destino no vive a la sombra de nadie y no resulta manipulable; por esto es que el parasitismo político es extremadamente alérgico a la educación: promoverla y desarrollarla es atentar contra su propia existencia. El parásito político tiene su existencia asegurada en la dependencia de los otros.

Cortar de raíz esta peste es un requisito obligatorio para construir mejores países. Y esta es una tarea posible; basta con promover una educación con niveles de excelencia y reemplazar a todos esos parásitos por ciudadanos honestos y que se manejen con sólidos criterios éticos. En una sociedad movida por el combustible del talento y los méritos, no hay lugar para ningún tipo de parasitismo…menos aún para políticos parasitarios.

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