Piñatas parasitarias

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Nada como la cercanía, la cotidiana proximidad para tomarle el pulso a las comunidades, a sus necesidades y expectativas. Es en esa convivencia entre vecinos que se hace posible ir estructurando una pintura detallada y oportuna que sirva de base para planificar y construir las respuestas que se requieren para el buen funcionamiento y el desarrollo progresivo de las comunidades ignoradas tradicionalmente por el gobierno central.

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Metro Panama

Ese conocimiento resultante de tal cercanía, es el alma de la ley de descentralización, con la que se pretendía promover la participación ciudadana a través de los gobiernos locales en aras de aportar al desarrollo de cada una de las comunidades, poniendo a disposición de los municipios y juntas comunales los recursos necesarios para tal fin.

Sin embargo, no siempre las leyes caminan de la mano con la realidad. Y en este caso en particular la falta de transparencia y la pobre institucionalidad reinante en el país, amenazan con hacer naufragar el instrumento con el que se pretendía abrir las puertas de la oportunidad y el crecimiento a las comunidades tradicionalmente olvidadas por un gobierno excesivamente excluyente. Alcaldes y representantes, más pendientes de sus ambiciones y conveniencias, han convertido los fondos proporcionados por la descentralización en una bolsa común que se reparten para su propio beneficio ya sea como injustificables aumentos salariales o asignándoselos como gastos de representación. Dilapidan insensiblemente recursos que deberían ser destinados para mejores usos en beneficio de las comunidades; y, amparados por el clima de impunidad vigente, liquidan las posibilidades de mejores días de aquellas comunidades de las que se sirven descaradamente.

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