La bomba en el bolsillo

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En un mundo extremadamente interconectado como el de hoy, las guerras se libran en muy variados frentes. Y en estas confrontaciones, propias de un escenario globalizado, golpear el bolsillo del enemigo puede resultar tan efectivo y de consecuencias tan desastrosas como arruinar sus infraestructuras físicas.

Esa es una de las opciones que se plantea insistentemente luego que se ejecutara la invasión a Ucrania. Algunos países bálticos, entre los que se encuentran Polonia, Estonia y Lituania, abogan por expulsar a Rusia del sistema SWIFT (acrónimo de Society for World Interbank Financial Telecommunication), también conocido como la Sociedad para las Comunicaciones Financieras Interbancarias Intercontinentales; una red bancaria internacional que conecta a más del 90 por ciento de la banca a nivel global y que procesa unos 40 millones de transacciones diarias en la casi totalidad de los países, las 24 horas del día, los siete días de la semana. SWIFT, desde su fundación en 1973, se convirtió en una infraestructura imprescindible en las finanzas globales y en el corazón del comercio internacional.

Excluir a Rusia implica aislarla del sistema bancario internacional con su comercio exterior y sus transacciones internacionales bloqueadas: sin acceso a euros o dólares. Según el ex ministro de finanzas ruso, Alexei Kudrin, como consecuencia de esta sanción la economía rusa podría reducirse en un 5 por ciento. Sin embargo, los Estados Unidos y la Unión Europea se mantienen reacios a la adopción de tal medida ante la certeza de que los daños serían en dos vías: no sólo la economía del invasor sufriría los daños. De todo el gas que consume Europa, el 40 por ciento procede de Rusia, que también le surte al viejo continente unos 2.3 millones de barriles diarios de petróleo; sin contar otra gran cantidad de productos, entre ellos metales, trigo y cebada.

Estados Unidos, mientras tanto, se mantiene cauteloso ante los posibles efectos que una sanción tan extrema pueda causar en el dólar. Al ser excluidos del sistema SWIFT, los bancos rusos podrían efectuar sus transacciones a través de sus socios y aliados, entre ellos China, que posee su propio sistema de pago -el CIPS- que ganaría un vigoroso impulso en sus pagos transfronterizos en yuanes. Esto implicaría una potencial amenaza al dominio del dólar estadounidense y un riesgo en el sistema financiero mundial.

La que es señalada como la “opción nuclear” financiera para castigar la osadía imperialista de Putin, no es una decisión fácil de tomar: la maraña de intereses se mueve en ambas direcciones y las consecuencias resultan inquietantes para todos los bandos: no es sólo la economía rusa la que resentirá el golpe y, aún lejos de los terrenos donde se libra la guerra, el resto del mundo podría estar caminando sobre un campo minado.

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