Nosotros los ciudadanos

Durante las últimas décadas los hechos han demostrado que el problema nacional no es la falta de recursos, sino el uso ineficiente de la riqueza del país: la eficiencia en el gasto ha sido el talón de Aquiles de todas las administraciones gubernamentales de los últimos quinquenios.

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Durante las últimas décadas los hechos han demostrado que el problema nacional no es la falta de recursos, sino el uso ineficiente de la riqueza del país: la eficiencia en el gasto ha sido el talón de Aquiles de todas las administraciones gubernamentales de los últimos quinquenios. Año tras año, en una danza millonaria cada vez más infame, los presupuestos estatales crecen desmesuradamente sin que resulten en mejoras o beneficios permanentes en la vida nacional; contrario a ello, los mismos problemas básicos persisten- agravándose la mayoría de ellos- o se suman otros nuevos que terminan por agregar peso a la piedra de molino que nos mantiene dando tumbos y con el agua al cuello, mientras naciones similares en población y condiciones se adhieren a planes y estrategias para ascender en la escalera del desarrollo en todos sus aspectos.

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Según estimaciones recientes, para el cierre del 2021 la deuda pública superará la barrera de los 40 mil millones y, en una trayectoria ascendente imparable, al término del 2022 llegará a los 42 mil 656 millones con gastos superiores a los ingresos y cubriendo con más deuda esa diferencia. Amparados por la pandemia y la consiguiente debacle de los ingresos fiscales, esa es la tónica que ha reinado en las esferas estatales: más deuda para solventar el funcionamiento y sin una efectiva y evidente política de austeridad en los gastos. La danza de los millones ha continuado en el gran salón nacional.

Nada en el futuro próximo augura cambios en el escenario nacional: todo apunta a que las cuentas estatales seguirán presionadas por mayores niveles de gastos, aumentos de la planilla gubernamental y el servicio de la deuda adquiriendo más peso aún. Además, el potencial agotamiento de las reservas que sostienen el sistema de pensiones de la Caja de Seguro Social aumenta la presión sobre el porvenir del país.

Los acordes de nuevas crisis resuenan cada vez más alto; está más próximo el momento de despertar del ensueño donde las respuestas surgen por arte de birlibirloque y las riquezas crecen como plantas silvestres. Los hechos son claros y no dejan ninguna duda: la clase política del patio no está a la altura de las circunstancias y las soluciones dependen de la iniciativa ciudadana. Es urgente unir el esfuerzo y los talentos de cada panameño para concebir una visión nacional que marque los objetivos y las tareas pendientes que enrumben al país hacia el pleno desarrollo y prosperidad. Para ello es obligatorio tomar consciencia que el interés particular está supeditado al interés general: reemplazar el Yo por el NOSOTROS. He ahí la primera tarea.

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ACP

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