Skip to main content

Etiqueta: país

El empresario Daniel Noboa se convierte en el presidente más joven de la historia de Ecuador

El empresario Daniel Noboa, representante de Acción Democrática Nacional (ADN), ha ganado la segunda vuelta de las elecciones a la Presidencia de Ecuador, al obtener el 52,3 por ciento de los votos, según el Consejo Nacional Electoral.

Noboa, de 35 años, ha adelantado por más de 4,5 puntos porcentuales a su rival, la candidata del Movimiento Revolución Ciudadana, Luisa González, aliada del expresidente Rafael Correa, que registra el 47,7 por ciento de las papeletas, de acuerdo a más del 90 por ciento de los votos.

El ganador de los comicios, tras conocer los resultados, ha señalado que «mañana empieza a trabajar su nuevo presidente», mientras que González ha aceptado su derrota y ha felicitado a su rival, al que le ha ofrecido su apoyo. «Cuente con nuestros votos en la Asamblea (…) para lo que necesite, siempre que no sea privatizar nuestros recursos ni precarizar la situación de los ecuatorianos», ha manifestado.

«Al candidato, ahora presidente electo, Daniel Noboa, nuestras felicitaciones porque ganó en democracia. Nosotros jamás hemos llamado a incendiar una ciudad ni salimos gritando fraude», ha expresado, al tiempo que ha agregado que «debe cumplir sus ofertas».

Horas antes, la candidata ‘correísta’ había señalado que las encuestas a pie de urna «han tenido graves sesgos y a veces malintencionados errores». «Esperemos con calma y determinación, lo responsable y democrático es seguir los datos oficiales, confiando que la voluntad popular prevalecerá», expresó.

Por su parte, el presidente saliente, Guillermo Laso, ha felicitado a Noboa «por haber aspirado a servir a los ecuatorianos desde el sitial más alto al que puede aspirar un ciudadano» y le ha invitado al Palacio Carondelet: «Será un gusto recibirte», ha añadido, al tiempo que ha señalado que deben empezar el proceso de transición «desde ya».

«Hoy nuestro país te ha dado la confianza de dirigirlo, un altísimo honor sobre el que deseo tengas el mayor de los éxitos», ha expresado. «Nuestra democracia se hace más fuerte», ha indicado Lasso.

A su vez, el mandatario saliente ha aprovechado la ocasión para agradecer a las Fuerzas Armadas y la Policía en su labor de resguardo de los colegios electorales y la seguridad de la población. «Hoy debemos estar orgullosos del país que somos. Ejercimos nuestro derecho a voto en paz, demostrando nuestra entereza por proteger la democracia y avanzar en el marco de la legalidad», ha aseverado.

«Y con la misma tranquilidad, se han proclamado los resultados que han sido aceptados, conscientes de que la voluntad popular es la que define el destino de nuestro país», ha afirmado Lasso.

Noboa fue la sorpresa de la primera vuelta electoral, en la que quedó solamente por detrás de su ahora rival, que ha demostrado hasta qué punto el ‘correísmo’ sigue siendo una corriente popular en un Ecuador del que permanece alejado el propio Correa, que vive actualmente en Bélgica y tiene varias causas judiciales pendientes en el país sudamericano.

Estos comicios han estado marcados por el repunte de la violencia, atribuido a enfrentamientos entre bandas y extendido a las cárceles, especialmente durante la campaña, marcada por el asesinato del candidato presidencial Fernando Villavicencio durante la primera vuelta electoral. Tanto Noboa como González han remarcado en la campaña el interés por combatir la inseguridad.

Cabe destacar que el mandato del presidente electo durará menos de lo habitual, ya que el presidente saliente, Guillermo Lasso, apeló a la conocida como ‘muerte cruzada’ para disolver la Asamblea Nacional y evitar así el arranque de un juicio político.

El puente al futuro

El tan ansiado cambio aún no llega a Panamá. Una y otra vez, los votantes son seducidos por promesas absurdas de jamones, pollos y puestos públicos a cambio de su voto. Esta peligrosa dinámica, alimentada por décadas de populismo, ha corrompido la democracia panameña. El pueblo, hastiado por déficits en servicios básicos como salud y educación, entrega su voto como moneda de cambio, sin exigir planes realistas.

Mientras tanto, pequeños grupos privilegiados lucran de los negocios inflados con el Estado, como el abastecimiento de agua, que cuesta millones anualmente sin que se materialice una solución definitiva. El país permanece estancado, con las mismas crisis y problemas cuyo peso recae sobre las mayorías.

Según un informe de Transparencia Internacional de 2022, Panamá obtuvo 35 puntos en el índice de percepción de corrupción, por debajo del promedio regional de 43 puntos. Es hora de romper este ciclo vicioso. Los votantes deben analizar críticamente las propuestas, en lugar de dejarse llevar por poses populistas que manipulan emociones. El verdadero cambio llegará solo con planes viables, no con regalos y eslóganes huecos. Durante muchas décadas, este tipo de programas han fracasado una y otra vez en Latinoamérica.

Es urgente una nueva mentalidad cívica basada en la responsabilidad y en elegir líderes éticos comprometidos con las reformas que Panamá necesita. Esto requerirá sacrificios, pero el pueblo debe pensar en el futuro del país, no en beneficios inmediatos. Solo así lograremos un Panamá próspero y justo, donde los frutos del desarrollo alcancen a todos por igual. El tan ansiado cambio está en nuestras manos.

La Atlántida criolla

El aumento del nivel del mar ocasionado por el cambio climático está obligando a comunidades enteras a abandonar sus hogares. Es el caso de la isla panameña de Cartí Sugdupu, que pronto será tragada por las aguas. Sus habitantes, la etnia guna, llevan años preparándose para dejar atrás su isla y mudarse a tierra firme. Lo cierto es que no es la primera comunidad en la región que tiene que empezar de cero por culpa del calentamiento global. Y tampoco será la última si continuamos de brazos cruzados porque, como advierte el Panel Intergubernamental de Cambio Climático, de no limitar el aumento de la temperatura global a 1,5 grados centígrados para 2030, el nivel del mar subirá a un ritmo alarmante. Esto significa que al menos 280 millones de personas en todo el mundo tendrán que abandonar sus tierras y migrar.

Ante una crisis de esta magnitud, los gobiernos no pueden cerrar los ojos: tienen la obligación de diseñar planes concretos y viables para proteger a sus ciudadanos. No basta con vagas promesas y compromisos a largo plazo. Se requieren acciones contundentes hoy, basadas en la ciencia y en hechos comprobables; más cuando los científicos llevan años advirtiendo sobre los efectos del cambio climático. Ya no hay excusas para no actuar cuando el futuro de millones de personas está en juego. Si no movemos un dedo, casos como el de Cartí Sugdupu se multiplicarán. Perder el hogar y la tierra que te vio nacer no es algo que le deseemos a nadie.

Es hora de que los líderes y gobernantes escuchen a la ciencia y diseñen planes integrales de mitigación y adaptación al cambio climático. De lo contrario, en las próximas décadas nos enfrentaremos a una crisis humanitaria y migratoria sin precedentes. El momento de actuar es ahora. No tenemos ni un país ni un planeta opcional al cual mudarnos si destrozamos éste. Es obligación de todos garantizar un futuro sostenible para las próximas generaciones.

La inteligencia artificial y el potrero político

La aplicación de la inteligencia artificial (IA) en el sector público puede significar un importante avance para lograr gobiernos más eficientes y cercanos a la ciudadanía. Sin embargo, no está exenta de riesgos que conviene tener en cuenta. Mientras que, como señala un informe de Naciones Unidas, su uso en la India ha permitido identificar 9 mil millones en pérdidas tributarias, en Panamá la IA irrumpió para falsificar audios y difamar burdamente a una figura política.

La inteligencia artificial permite analizar enormes cantidades de datos, detectar patrones y tendencias, y hacer predicciones que facilitan la toma de decisiones. Por ejemplo, puede ayudar a optimizar la asignación de recursos públicos, agilizar trámites, mejorar servicios, incrementar la recaudación fiscal e, inclusive, combatir la corrupción y el fraude. Para algunos personajes, con muy poco afecto por la ética y las leyes, por esta última capacidad representa una amenaza; pero, para el país en general, es una herramienta y la oportunidad de llevar a cabo cambios beneficiosos.

Claro está, no es una panacea. Su aplicación conlleva desafíos éticos y puede marginar a ciertos grupos. Es crucial garantizar la transparencia, equidad y rendición de cuentas. Los algoritmos reflejan los sesgos humanos y pueden reproducir injusticias si no se diseñan cuidadosamente. Además, como advierte un estudio de The Alan Turing Institute, el uso de IA en el sector público plantea interrogantes sobre privacidad, vigilancia y control social que deben abordarse para evitar vulneraciones a los derechos humanos. Hay que asegurar que los datos ciudadanos estén protegidos y no se utilicen indebidamente.

En definitiva, la IA en la gestión gubernamental es prometedora, pero requiere cautela. Como afirmó el experto Andrew Burt, «puede ser una fuerza para el bien, o puede reflejar y amplificar problemas sociales existentes de maneras nuevas e inesperadas». Su adopción debe ir de la mano con salvaguardas éticas, participación ciudadana y cambios regulatorios. Si se implementa correctamente, será una herramienta valiosa para avanzar hacia Estados más eficientes, inclusivos, justos y receptivos a las necesidades de la gente. Pero el camino no está exento de desafíos que habrá que sortear con visión, responsabilidad y humanidad.

Liderazgo político en crisis

En la nación panameña, donde presidentes han ascendido al poder con tan solo el 30 por ciento del apoyo electoral, resuena una alarmante inquietud: que la profundamente arraigada polarización política sigue dividiendo y oscureciendo la posibilidad de acuerdos significativos en momentos donde el consenso es más necesario que nunca. El país clama por un liderazgo que actúe con integridad y que no se pierda en laberintos de intereses personales y partidistas.

Hace más de un siglo, Max Weber, el reconocido sociólogo alemán, delineó la esencia del liderazgo: guiar a otros hacia objetivos compartidos, actuando con claridad y propósito. Esa definición, aún vigente, nos recuerda que el verdadero líder no solo tiene la visión de un futuro mejor, sino también el carácter y la habilidad para lograrlo. Tal liderazgo se fundamenta en la credibilidad, honestidad y coherencia con sus propios valores. Pero, lamentablemente, en la actualidad, muchos de los que se llaman «líderes» son solo sombras de lo que deberían representar. Esto ha causado un desencanto creciente hacia nuestra democracia. Esta disolución del respeto y la confianza en el liderazgo, en un contexto donde los presidentes no cuentan con una amplia mayoría de respaldo, sienta un escenario propicio para que surja una figura que, con promesas y retórica, socave aún más los pilares de nuestro ya frágil sistema político.

La necesidad es clara y urgente: Panamá anhela un liderazgo renovado, uno que busque unificar al país en torno a una visión común. Un liderazgo inspirador que pueda esbozar un futuro donde se reflejen los anhelos y sueños de todos los panameños, sin distinción. Persistir en la política divisiva y exclusiva de nuestros días no es solo un lastre para el presente, sino un potencial desastre para las generaciones venideras. Es tiempo de reevaluar, repensar y, sobre todo, renovar. El país merece un liderazgo a la altura de sus desafíos y de sus esperanzas. Por la presente y por las generaciones futuras, es imperativo encontrar ese liderazgo antes de que sea demasiado tarde.

La suprema receta de convivencia social

Un estudio de la Universidad de Harvard realizado por el profesor Robert Coles, encontró que las personas que son respetuosas tienen más éxito en la escuela, el trabajo y en la vida. El estudio también encontró que las personas que practican el respeto son más felices y saludables.

Pero, aún antes de ese y cualquier estudio en esa misma tónica, es una verdad consabida que el respeto es uno de los valores más importantes que debemos cultivar en nuestra sociedad. Es la base indiscutible de la convivencia pacífica y de la construcción de una vida comunitaria mejor. Porque respetar es reconocer la dignidad y los derechos de las personas; y es este el primer requisito necesario para construir relaciones sólidas y duraderas, y para crear un ambiente de confianza y seguridad que se traduce, sin demora alguna, en estabilidad social.

Dentro de ese concepto general destacan dos aspectos en particular: el respeto a la ley y el respeto a los derechos de las personas. El primero, el respeto a las normas legales, implica la aceptación a vivir dentro de lo que establece una serie de reglas cuya violación lleva aparejada las sanciones correspondientes. El segundo, como ya se ha anotado, obliga a respetar un conjunto de derechos individuales establecidos por la sociedad con estricto carácter de reciprocidad. En esta última virtud descansa la tan valorada convivencia pacífica.

¡Soñar con un mejor país es una aspiración tan absurda como inútil si se pretende construirlo obviando algo tan básico como lo es el respeto!

La amenaza latente

La desigualdad social es uno de los principales retos que enfrenta América Latina en la actualidad. A pesar de que la región ha experimentado avances económicos en las últimas décadas, diversos estudios señalan que estos beneficios no se han distribuido de forma equitativa. Según datos del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el 10% más rico de la población en América Latina acumulaba hace algunos años el 37 por ciento de la riqueza neta del total de los hogares, mientras que el 50 por ciento más pobre solo accedía al 13 por ciento de los ingresos totales. Este alto nivel de desigualdad tiene graves consecuencias para el desarrollo sostenible y la estabilidad social.

Panamá no están exentos de esta problemática. Pese a su rápido crecimiento económico en los últimos años, continúa encabezando la lista de los países con la peor distribución de la riqueza. Esto implica una alta concentración del ingreso, donde la prosperidad no llega a zonas rurales y barrios marginales en los que la pobreza alcanza niveles escandalosos.

Para revertir esta situación, urge tomar medidas decisivas para aumentar la inversión en áreas vulnerables y mejorar la transparencia, entre otras recomendaciones hechas por estudiosos del tema. Para Panamá, sin duda alguna, abordar la desigualdad debe ser una prioridad, antes que se agrave con consecuencias impredecibles para el país.

Se pasa el tren

Todos los productos, desde su desarrollo hasta que son puestos en manos del consumidor, recorren un largo camino que incluye el abastecimiento de materias primas, el montaje o fabricación, la prueba de producto final, el empacado y el envío, entre otros. Todo ese proceso y sus numerosas estaciones es lo que se conoce como cadena de suministro, la que- desde un segundo plano- juega un papel primordial en el comercio global. Cuando la misma se rompe, el público se encuentra con las estanterías vacías ahí donde acostumbra realizar sus compras.

Con la pandemia del coronavirus, las interrupciones de estas cadenas mundiales provocaron demoledoras alteraciones en el comercio mundial, a la vez que evidenciaban la dañina dependencia establecida con respecto a ciertas áreas del mundo. Ante la necesidad de romper esta dependencia toma auge el “nearshoring”, la práctica comercial de contratar en países cercanos la prestación de servicios o la producción de bienes, lo que se traduce en reducción de costos y en una colaboración y comunicación más estrecha con las empresas contratadas. Además de mejorar la competitividad y de permitir el acceso a las tecnologías y conocimientos avanzados, la consiguiente diversificación de la economía y la creación de empleos de alta calidad son estímulos suficientes para tomar las medidas que sean precisas para subirse al tren de esta oportunidad.

Pero, ¿qué se requiere para aprovechar la ocasión? Una fuerza laboral fuertemente capacitada, especializada en diversas áreas de la tecnología y los servicios empresariales, un entorno favorable para la inversión extranjera y para la innovación, además de mejorar urgentemente las infraestructuras pertinentes como aeropuertos, carreteras y puertos de tal manera que destaque la efectividad en el transporte de bienes y servicios.

¿Logrará Panamá subirse a este tren o será otra de las oportunidades perdidas a causa de la desidia, las miras estrechas y la incapacidad de una clase dirigente teñida de la más absoluta incompetencia en el manejo del país?

Potenciales futuros y liderazgos presentes

Cuando se independizó en 1965, Singapur era una nación subdesarrollada y extremadamente pobre. Pero, decidido a evitar que esta realidad fuera permanente, el gobierno de entonces estableció una visión para transformar al país en un centro financiero y tecnológico capaz de competir con las economías más desarrolladas del mundo.

Corea del sur, igualmente, era un país sumido en la más aguda pobreza en la década de 1960. Y, convencido que sólo estableciendo objetivos claros podría cambiar la situación, el país se unió en torno a una visión mientras el gobierno invertía en educación, infraestructura y tecnología, lo que la llevó a experimentar un rápido crecimiento económico durante las décadas siguientes, logrando convertirse en una de las economías más competitivas y pujantes del globo.

Una nación no puede marchar a ciegas, de tumbo en tumbo, sin una visión que perfile lo que desea lograr y aquello en lo que aspira a transformarse. Cuando lo hace – caminar a ciegas- se produce el desastroso escenario que vemos a nuestro alrededor. La importancia de una visión radica en que proporciona un rumbo claro y un propósito inspirador. Cuando es compartida por todos, ayuda a establecer una serie de objetivos a largo plazo que guían las acciones tanto del gobierno, así como las de la sociedad en su totalidad.

Pero -siempre hay uno-, la formulación y el desarrollo de una visión requiere liderazgos capaces de vislumbrar en el presente las potencialidades futuras; exige de líderes capaces de encarnar los valores y las cualidades que imponen ese porvenir soñado. Mientras la nación continúe secuestrada por liderazgos obsoletos, el futuro solo será una fiel copia del ruinoso presente.

Trabajo de todos

Los hechos lo demuestran de manera contundente: ni la vejez es sinónimo de sabiduría, ni la juventud lo es de virtud. La advertencia viene a cuento por el simplismo que algunos proponen como alternativa al desastre instalado en todos los rincones de la vida nacional: la instauración de un nuevo y joven liderazgo para reemplazar los viejos caciquismos políticos salpicados por la ruina ética y cuya incapacidad para conectar con las expectativas y las necesidades populares sigue alimentando la decepción y el descontento reinante en el país. La juventud, por razón de los pocos años, no es garantía de las cualidades que se echan en falta en el ejercicio del poder. Un rápido vistazo a cualquier cárcel del país dejará muy claro que una parte sustancial de sus inquilinos clasifica como joven; porque, que nadie se llame a engaño: el crimen y el vicio mantienen el diente hincado en todos los rangos de edad sin ser patrimonio exclusivo de alguno en particular.

El fracaso de la democracia representativa no puede ser más evidente: aquellos que son designados mediante el voto para representar al ciudadano, han renegado de su deber entregándose a sus propios intereses y al de las élites dispuestas a pagar el precio de sus “buenos oficios”.

No es el paradigma de una juventud virtuosa -más fundamentado en la esperanza que en la certeza de los hechos- el que se constituye en la mejor medicina para los males del presente. Es con el ejercicio progresivo y consistente de una ciudadanía participativa como se logrará el cambio que la nación reclama; con el involucramiento activo de cada panameño en los procesos de toma de decisiones y participando luego en las tareas requeridas para resolver los problemas que conciernen a todos. Las decisiones no pueden seguir en manos de unos pocos. El país clama por soluciones y proyectos que la democracia representativa no ha logrado materializar. Es el momento de construir una democracia directa, participativa, donde el destino de cada ciudadano esté donde corresponde: en sus propias manos.

La fuente primigenia

Una nación se sostiene sobre los valores que la encarnan; aquellos que dan forma a su identidad y su cultura y que, además, brindan un propósito y un sentido de pertenencia a quienes integran esa agrupación humana. Los valores nacionales, sencillamente, son un sistema de creencias y pautas de comportamiento que define la forma en que se toman las decisiones y se resuelven los problemas. También guía la forma en que se interactúa dentro de la colectividad.

Valores como la igualdad, la democracia, la justicia, la paz, la tolerancia, el respeto y la libertad, son de primer orden para definir las decisiones, el desarrollo y el destino de la nación. No se puede comprender a ésta y a sus integrantes sino se identifican y se comprenden los valores vigentes en ella.

He ahí, quizás, el núcleo de la debacle que hunde al país: desde hace mucho tiempo el interés ciudadano, el de los intelectuales y el de la clase política, no se articula en torno a esas fuerzas primigenias que, a lo largo de la historia, han impulsado la evolución de las agrupaciones humanas. Echados al olvido o en el saco de la indiferencia generalizada, los valores dejaron de mover a la sociedad y, como las aguas estancadas, aquella terminó infestadas de larvas, parásitos y lacras a granel.

Nunca resultó más urgente: necesitamos definir hacia dónde queremos ir; volver a la fuente e identificar los valores sobre los que se dio origen a esta nación y reinstaurarlos en la vida nacional. Sólo ellos nos llevarán a puerto seguro.

Entre farsas y candilejas

“La democracia es un sistema de gobierno que ha sido socavado por el auge del espectáculo”, advierte muy acertadamente Mario Vargas Llosa, antes de agregar demoledoramente que ese espectáculo “ha creado una sociedad de espectadores más interesados ??en mirar que en participar”.

No se podía echar mano a una mejor descripción de la democracia, más preocupada por las apariencias que por el contenido. Una democracia, en fin, de puro papel, en la cual los protagonistas políticos son diestros en el juego de manos para mantener a los ilusos en la creencia de que son parte de un sistema político que gira en torno a los intereses y el bienestar de la ciudadanía; ocultando de la mirada pública que el régimen ha derivado en un banquete donde satisfacen sus brutales apetitos un minúsculo y exclusivo grupo de oportunistas. Para prueba ahí está el permanente latrocinio al que se encuentra sometida la nación.

Lo que alguna vez definía a la democracia- la rendición de cuentas, la participación ciudadana en las decisiones políticas del país, y el balance del poder que resultaba de la independencia entre los órganos del Estado- fue sustituido por el secretismo, la exclusión de las masas y la complicidad entre los que detentan el poder. Las herramientas apropiadas para la construcción de la caricatura de democracia instaurada hoy en el escenario criollo.

El futuro desconectado

Cada vez se agudiza más la desconexión entre los políticos y la ciudadanía a la que dicen representar. Mientras aquellos permanecen enfrascados en disputas partidarias o con la atención puesta sólo en sus temas o intereses particulares, un mayoritario porcentaje de los panameños se siente alejado del poder e ignorado por quienes gobiernan y por quienes compiten para convertirse en los próximos gobernantes. Problemas como el desempleo, los deficientes servicios de salud, la crisis del agua, la desigualdad social, entre muchos otros, únicamente alimentan la narrativa demagógica de quienes lucran con el voto ciudadano.

Y la desbordante polarización social instaurada en todos los escenarios nacionales le suma aristas al problema. El creciente número de ciudadanos apuntándose a posturas radicales o extremas y sin la menor intención de someter a debate sus posiciones, agrava aún más la crisis; porque una postura que no es producto del foro o de una reflexión inteligente, termina como el agua estancada: turbia e infestada de parásitos.

El daño causado por los padecimientos invisibles resulta de mayores proporciones cuanto mayor sea el lapso de tiempo que permanecen ignorados. La desconexión de la política y la polarización social pertenecen a ese grupo de padecimientos. Ignorados durante demasiado tiempo, sus funestas consecuencias ya asoman con fuerza en el panorama local. Es urgente que nos empinemos sobre las diferencias que corroen el tejido social para establecer los puntos de encuentro desde los cuales trabajar mancomunadamente en aras de forjarle un nuevo y mejor rumbo a la nación.

TE publica distribución del financiamiento público preelectoral para la elección general del 2024

El Tribunal Electoral (TE) distribuirá un total de B/. 50,695,143 entre los nueve partidos políticos que participarán las elecciones generales del 5 de mayo de 2024, en concepto de financiamiento público electoral.

Los partidos políticos reconocidos por el Tribunal Electoral son:

  • Partido Revolucionario Democrático (PRD
  • Partido Popular
  • Partido Movimiento Liberal Republicano Nacionalista (Molirena)
  • Partido Panameñista
  • Partido Cambio Democrático (CD)
  • Partido Alianza
  • Partido Alternativa Independiente Social (PAIS)
  • Partido Realizando Metas (RM)
  • Movimiento Otro Camino Panamá (MOCA)

De esta cifra se le asignará B/ 50,695,143 que representa el 93% a los nueve partidos políticos y será desglosado de la siguiente manera:

El 25% que representa B/ 12,673,786 se asignará por partes iguales a los partidos políticos constituidos. Mientras que el 75% restante, se distribuye entre los partidos políticos con base en el promedio de votos obtenidos por cada uno en las cuatro elecciones (presidente, diputados, alcaldes y representantes de corregimientos), en la última elección general (2019).

Mientras que los candidatos por libre postulación recibirán el 7% restante que representa B/ 3,815,763.

De este porcentaje, las dos terceras partes que sería B/ 2,543,842 son para los tres candidatos a presidente y un tercio B/ 1,271,921 para los candidatos a los demás cargos. La distribución entre candidatos se dará en función a la cantidad de firmas obtenidas.

Para los candidatos por libre postulación, el Tribunal Electoral distribuirá B/ 3,815,763 entre los tres candidatos a presidente y B/ 1,271,921 entre los candidatos a los demás cargos.