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La Bitácora
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julio 5, 2024

La Bitácora

Por: Ebrahim Asvat
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Quizás sea un poco ingenuo con lo que pretendo sugerir.    La posición de Panamá como país necesita un impulso muy serio si queremos lograr bienestar económico, es decir, chen chen para el bolsillo. Si tomamos este eslogan como el objetivo principal de este gobierno nada se puede lograr dividiendo el país entre ellos y nosotros. 

Y explico, Panamá no goza de buena imagen internacional ocasionada por la difamación mediática de los Panama Papers. Igualmente, la calificación de corrupto por parte de los Estados Unidos sobre dos expresidentes nos estigmatiza.  Nos han incorporado en varias listas negras, la más perjudicial es la de la Unión Europea y esto dificultan las transacciones bancarias desde Europa. A esto le añadimos los temas internos como la Caja del Seguro Social, el cierre de la mina operativa más importante del país y el nivel de endeudamiento existente. Salir a los mercados a buscar financiamiento se puede lograr, pero con costos más elevados y con agentes económicos de segundo orden. Este popurrí de factores lo tenemos que enfrentar como nación. Nuestras diferencias internas no le interesan a nadie en este mundo globalizado. El precio siempre lo pagaremos todos por igual. Incluso cuando se nos sale “el cholo atravesado”, el pretender jugar vivo, o simplemente pensar que podemos hacer lo que nos venga en gana amparado en nuestras propias leyes y decisiones judiciales.

El problema principal de Panamá es que nos acostumbramos los panameños a robarnos a nosotros mismos. Panameño que les roba a panameños pareciera ser algo legal en nuestro cielo patrio. Y no acepto el argumento de la persecución política, ni los procesos turbios o las faltas de tecnicismos legales para acuerpar a los delincuentes. Pretender engañarnos cuando hemos convertido la política en un negocio tiene sus costos. Las quejas, los lamentos y sollozos de bando y bando son solo por razón del desbordamiento de las nefastas prácticas en el asalto al erario. Queda muy poco para seguir robando. Esa es nuestra maldición en un país privilegiado por Dios y la naturaleza.

Los momentos difíciles que vamos a confrontar requerirá la contribución de todos y quizás un voto de confianza al nuevo gobierno si existen claras intenciones de hacer las cosas bien. De otra forma los augurios se ven venir y tendrán consecuencias muy difíciles para la población. Muy especialmente para los sectores populares y las nuevas generaciones en el mercado laboral.

Mirar hacia atrás sería un error. Pretender seguir con las mismas prácticas una suerte de suicidio nacional. Hoy los inversionistas tienen opciones. Buscan seguridad en su inversión y no les importa mucha la lealtad nacional o regional. Igual pasa con el talento cuando no encuentren oportunidades en nuestro suelo patrio.  Hasta los nuestros se irán a cualquier parte del mundo.  

Entonces veamos nuestra realidad con luces largas o seguimos en el jolgorio, la fiesta y la danza de los millones con el tesoro nacional o aprendemos a ser mesurados y buscar el mejor aprovechamiento de lo que pertenece a todos.