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¿Cambio real o más de lo mismo en la Asamblea Nacional?
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junio 30, 2024

¿Cambio real o más de lo mismo en la Asamblea Nacional?

Por: Eric Solís
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El primero de julio marca el inicio de una nueva era para la Asamblea Nacional de Panamá, un momento crucial que podría definir el rumbo del país en los próximos años. Con la elección de la nueva presidencia del órgano legislativo, los panameños se encuentran en una encrucijada: ¿veremos finalmente el cambio tan anhelado o será más de lo mismo?

Las pasadas elecciones dejaron claro el hartazgo de los ciudadanos ante la corrupción y el mal manejo institucional. El voto fue un grito desesperado por un cambio radical, especialmente en una institución tan desacreditada como la Asamblea Nacional. Los jóvenes diputados electos cargan sobre sus hombros una responsabilidad inmensa: la de instaurar una nueva forma de hacer las cosas en un órgano del Estado que ya había tocado fondo.

En este contexto, la elección de la presidencia de la Asamblea se convierte en un termómetro que medirá si los vientos de cambio serán escuchados o si, como ha sido costumbre, se impondrán los intereses de una pequeña casta política. Dos candidatas se perfilan como las principales contendientes: Dana Castañeda, del partido oficialista Realizando Metas (RM), y Walkiria Chandler D’Orcy, independiente de la coalición Vamos.

La candidatura de Castañeda ha recibido el respaldo de varios partidos, incluyendo el Partido Revolucionario Democrático (PRD), que cuenta con 13 diputados. Por su parte, Chandler representa a la bancada independiente, que suma 20 diputados. La aritmética legislativa sugiere una contienda reñida, donde cada voto será crucial para alcanzar la mayoría necesaria de 36 votos.

El escenario actual refleja una Asamblea más fraccionada que nunca, sin mayorías fuertes ligadas al Ejecutivo. Esta nueva composición podría ser una oportunidad para fomentar el diálogo y los consensos, o podría derivar en una parálisis legislativa si no se logran acuerdos.

La expectativa ciudadana es clara: se busca una Asamblea que trabaje por los intereses de la nación y no por agendas particulares. Como señaló la empresaria Giulia De Sanctis, la población envió un «mensaje claro» en las elecciones al apoyar candidatos que abanderaron el combate a la corrupción. Este llamado a la transparencia debe ser atendido no solo por el sector público, sino también por el privado.

Los retos que enfrenta el país son múltiples y urgentes. La reforma de la Caja de Seguro Social, el saneamiento de las finanzas públicas y la crisis del agua son solo algunos de los temas que requerirán de un liderazgo fuerte y comprometido en la Asamblea Nacional. Estos problemas, como bien apunta De Sanctis, «no se pueden resolver de cualquier manera, sino con metodología» y garantizando la participación de todos los sectores relevantes.

El nuevo liderazgo de la Asamblea deberá demostrar la capacidad de crear confianza entre los distintos actores y tomar decisiones difíciles, incluso si estas conllevan un «costo político». Solo así se podrá romper con la inercia del pasado y avanzar hacia las soluciones que el país necesita con urgencia.

Indudablemente, la elección de la presidencia de la Asamblea Nacional es mucho más que un simple cambio de guardia. Representa una oportunidad única para demostrar que el clamor ciudadano por un cambio real ha sido escuchado. El éxito de esta nueva etapa dependerá no solo de quién ocupe la silla presidencial, sino de la voluntad colectiva de los diputados para trabajar en pro del bien común.

La ciudadanía estará vigilante, esperando ver si esta nueva Asamblea será capaz de recuperar la credibilidad perdida y convertirse en un verdadero motor de cambio para Panamá. El desafío es enorme, pero la recompensa de restaurar la confianza en las instituciones democráticas bien vale el esfuerzo.

Finalmente, es imperativo que los nuevos líderes de la Asamblea Nacional entiendan que su mandato va más allá de las lealtades partidistas. Su compromiso debe ser, ante todo, con el pueblo panameño y con la construcción de un futuro más próspero y equitativo para todos. Solo así podremos decir que el cambio tan anhelado ha comenzado a materializarse en el corazón mismo de nuestra democracia.