Los verdugos del futuro.

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Los hechos demuestran que los países que invierten hoy en investigación y desarrollo, serán los países ricos de mañana. Ahí está Singapur para demostrarlo: tras pasar por dos controvertidos procesos de independencia, en 1965 la nación asiática se decidió a invertir la mayor cantidad de recursos en la investigación científica y al cabo de algunas décadas ya figuraba como una potencia económica.

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Rincón de Lupe

Sin menospreciar otros indicadores- como la inversión educativa- un mayor porcentaje del Producto Interno Bruto destinado a las ciencias, a la investigación y a las tecnologías es el camino más probable para dejar atrás la pobreza y expandir los niveles de prosperidad nacional. En este aspecto, Latinoamérica se queda muy atrás en la carrera: mientras los países desarrollados invierten un promedio de 3 a 4 por ciento de sus PIB, los países latinoamericanos apenas invirtieron entre el 0.6 y 0.7 por ciento durante el año 2021.

En nuestro país, por otra parte, los responsables de asignar los recursos presupuestarios parecen vivir de espaldas a estas realidades. Porque, para la vigencia del 2023, el Instituto Conmemorativo Gorgas de Estudios de la Salud, solicitó un presupuesto de 34.9 millones; sin embargo, el Ministerio de Economía y Finanzas recomendó recortarlo a 32.7 millones. Esta decisión obligará a una nueva reducción de las investigaciones científicas que para este año 2022, ya habían caído de 32 a 25 precisamente por las mismas razones.

A pesar del fundamental papel que ha desempeñado durante la pandemia del Covid-19 y ahora durante el brote de la viruela símica, al final se impuso la falta de visión de un grupo de funcionarios incapaces de valorar el trabajo del Instituto y cuyas miras estrechas cercenan constantemente las oportunidades que requiere el país para dar el gran salto hacia mejores estadios de desarrollo y prosperidad.

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