El laberinto de las candidaturas independientes.

El camino de las aspiraciones políticas por la libre postulación es una senda cuesta arriba. Desafían el control de lo partidos y el sistema que los respalda.

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Los candidatos a cargos de elección en Panamá, que pretenden una nominación sin el respaldo de un partido político, tienen que entrar a una suerte de laberinto de trámites y vencer al sistema que, como en el cuento de la mitología griega, se asemeja a un monstruo dispuesto a devóraselos.

Popularmente se les llama “candidatos independientes”; jurídicamente se trata de postulaciones hechas fuera de la estructura de un partido político; y, el camino para acceder a ellas, confirma que los administradores de la democracia panameña prefieren el modelo de los partidos políticos.

Partida temprana

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Metro Panama

Los candidatos de libre postulación han entrado en campaña un año y medio antes que los partidos. De acuerdo con las reformas electorales de cara a as elecciones de 2024, los ciudadanos que pretendan postularse por esta vía tenían hasta el 31 de julio de 2022 para acreditarse como candidatos y luego esperar que el Tribunal Electoral, la máxima autoridad en temas de sufragio en el país, les validara. Esa era la puerta del laberinto. Una vez dentro podían empezar a recoger firmas en el período comprendido entre el 15 de agosto de 2022 y el 31 de julio de 2023.

Después tendrán que luchar por mantenerse en el debate electoral seis meses más, hasta que empiece formalmente la campaña en enero de 2024. Los candidatos de los distintos partidos harán sus primarias a lo largo de 2023 y enseguida desembocarán en la campaña oficial.

Para empezar, recoger firmas no es una tarea simple en la que basta cualquier cifra. En esa carrera tienen que superar el mínimo de firmas requeridas y de ahí en adelante quedar entre los tres con mayor número de respaldos.

Cifras mínimas

Así se van entrelazando los compartimentos del laberinto y un pasillo desemboca en otro de final incierto. Por ejemplo, para ser candidato por libre postulación a la Presidencia de la República se debe alcanzar un mínimo de 39 mil 296 firmas; en otras palabras, es ahí donde realmente empieza la carrera. Solo los que logren superar ese número tendrán opciones de estar en la papeleta.

Esa barra parece un número razonable si se toma en cuenta que en 2019 se recogió un promedio de 118 mil firmas por cada uno de los tres aspirantes independientes a la Presidencia, que lograron ser incluidos en la papeleta. Pero, en esta ocasión, representa más del doble de lo que se necesitó para entrar en carrera en aquella elección. De acuerdo con la norma vigente en 2019, el número clave para ser considerado era 18 mil 542 firmas.

Pero, la cantidad mínima requerida no es la única diferencia en este periodo.

La tecnología, otro giro en el laberinto.

El intenso operativo de recolectar las firmas fue motivo de profundos debates y denuncias en la elección anterior. El mecanismo era simple: el Tribunal Electoral entregaba a los candidatos unas libretas que debían llenar de firmas y devolverlas para que fueran contabilizadas, no sin antes ser sometidas a un proceso de validación.

Ese proceso en 2019 terminó convertido en una factura muy cara para algunos precandidatos. Por ejemplo, el abogado Francisco Carreira, decidió retirarse cuando se le rechazó el 72% de las firmas que había recogido.

En total se recogió 1 millón 244 mil 173 firmas entre todos los precandidatos, pero solo se aceptaron 609 mil 125: es decir, el 50%.

Para evitar ese panorama, en 2024 el Tribunal Electoral ha echado mano de la tecnología. Esta vez los candidatos no recibirán libros móviles de recolección, sino que cuentan con la plataforma de los Centros de Atención al Usuario (CAU), los innovadores quioscos móviles y una aplicación para celulares, además de la posibilidad de llevar a las personas hasta las oficinas del TE para que firmen directamente en los libros.

Estas nuevas opciones han traído de la mano desafíos nuevos. Por ejemplo, los quioscos son muy eficaces, sin embargo, aún no hay suficientes en todo el país. “En David, (Chiriquí) solo hay uno” ha denunciado el precandidato Francisco Carreira, que intenta nuevamente convertirse en candidato presidencial por la libre postulación. Asegura que esas carencias limitan su oportunidad de captar firmas.

No obstante, el porcentaje de firmas rechazadas con estos métodos es casi inexistente. Además, los precandidatos tienen acceso a las estadísticas en tiempo real y de manera transparente; pero se enfrentan al obstáculo de que requiere más tiempo para completarse. “Es un sistema mucho más certero a la hora de captar una firma. Las posibilidades de rechazo son bajas. Pero la parte negativa es el tiempo que toma y el recelo que le pudieran tener las personas a tomarse foto y video dando el respaldo”, dice Daniel Lombana, precandidato a diputado en el circuito 8-4.

Para el aspirante al parlamento, las autoridades electorales necesitan acelerar sus tiempos de respuesta. “Es importante que el Tribunal Electoral mantenga una capacidad de respuesta adecuada para todas las incidencias que van surgiendo”, asegura.

“El monstruo”

Como en el mito griego, en el laberinto vive un monstruo: se trata de una grieta en el sistema que ha permitido que los partidos invadan este terreno. Tal vez porque lo dieron por sentado o por descuido, pero nadie notó que no se establecían limitaciones para que miembros de un partido político intentaran conquistar una candidatura de libre postulación, sin siquiera estar obligados a renunciar a sus agrupaciones de origen.

La legislación electoral protege a los partidos de figuras que pretendan ser pocos leales. Por ejemplo, los aspirantes que fracasan en las primarias de un partido no pueden ser postulados en otro partido. No obstante, un político puede intentar ser candidato independiente y al mismo tiempo participar en primarias de su partido: los tiempos se lo permiten y no hay norma que lo prohíba.

Los aspirantes a una candidatura de libre postulación, por otra parte, viven inmersos en su laberinto de trámites y al mismo tiempo no saben en que giro del retorcido camino se encontrarán con el monstruo del sistema. Por ejemplo, la actual diputada del PRD, Zulay Rodríguez, sin renunciar a su partido aspira a ser candidata a la presidencia de la república por la libre postulación. Pero eso no es todo, también está en la lista de los precandidatos a diputados independientes de San Miguelito. Todo esto sin perjuicio de las nominaciones que pudiera tener dentro de su partido.

Rodríguez arrancó la última semana de agosto liderando la lista de respaldos entre los aspirantes a una candidatura presidencial -5 mil 868-, y como tercera entre los aspirantes a la diputación en San Miguelito -mil 395-.

Así las cosas, parece que entre los candidatos de libre postulación habrá al menos uno proveniente de los partidos políticos. Entre los que quieren ser candidatos a presidente están Katleen Levy, que renunció al Partido Panameñista; Melitón Arrocha, exdiputado, exembajador y exministro de estado durante el gobierno panameñista de Juan Carlos Varela; y la economista Maribel Gordón, que pertenece al grupo que organizó el partido de izquierda, Frente Amplio por la Democracia -FAD-, para las elecciones de 2019.

Frente a estas condiciones, los candidatos que no provienen de partidos políticos, al parecer, no tendrán otra opción: enfrentar al monstruo dentro de su propio laberinto .

 

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