El Vale Digital

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Vale Digital
Foto: Cortesía

Es común en los medios radiales y televisivos y también en las redes sociales criticar y despotricar el vale digital. Más por el carácter de ser un subsidio directo y categorizando a los receptores como vividores, personas acostumbradas a ser dependientes del Estado, ninis, vagos y otros epítetos humillantes.

Es una manera de oponerse, donde los más débiles en la ecuación dentro de la economía liberal son los utilizados para endilgarle al gobierno de turno la malversación de los fondos del Estado.

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Rincón de Lupe

En Panamá durante todo el período de la crisis sanitaria caracterizada por un encierro total de la población por meses y el declive de los índices económicos no tuvimos revueltas y disturbios violentos como en Chile, Colombia o Ecuador. La desesperación económica de los que viven de su salario por lo menos se palió con la suspensión temporal del pago de las deudas crediticias y el vilipendiado vale digital y/ bolsa de comida.

Es un hecho cierto en Panamá los niveles de empleo del año 2019 a la fecha no se han restaurado. Sigue existiendo una población dispuesta a trabajar sin posibilidades de encontrar un empleo. La informalidad se ha incrementado y esa pequeña actividad económica sustitutiva es apenas una economía de subsistencia a la espera de un salario.

Esa es nuestra realidad y vamos a tener que continuar emitiendo vales digitales hasta tanto la situación laboral se estabilice. Es una medida solidaria, justa y necesaria. Le ha aliviado al país convulsiones sociales y garantizado algún nivel de paz social sin necesidad del accionar de los estamentos de seguridad.

Cualquier programa social dirigido a la alimentación o a la salud no es un gasto. Es una inversión. Se invierte en la gente para que pueda ser productiva. Todos ganamos con una población productiva. El mal nutrido o el enfermo no puede llevar una vida digna ni ofertarle toda su potencialidad a la sociedad.  Entonces se hace necesario hacer algo al respecto.

Cuando los subsidios van dirigidos a los sectores marginados o a los más desprotegidos de la sociedad estamos colaborando al evitar que alguien se quede atrás. No dejar a nadie atrás es inclusive una consigna y promesa central de la agenda 2030 para el desarrollo sostenible. Esto involucra erradicar la pobreza, poner fin a la discriminación y la exclusión y reducir las desigualdades y vulnerabilidades que dejan a las personas atrás.

La pandemia ha dejado a mucha gente vulnerable y es de justicia coadyuvar a paliar  los efectos que repercuten en la alimentación y salud de estas personas. Si el Estado aporta a paliar los resultados de esa vulnerabilidad es dinero bien invertido.

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