Parasitismo sin fin.

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El refrán “al perro huevero, aunque le quemen el hocico”, define a todo aquél que se mantiene terco y obstinado en un comportamiento, sin ninguna disposición a cambiar.  La frase llega hasta el presente como un aforismo anónimo; sin embargo, es de tan grandiosa actualidad que, de conocerse el nombre del autor, en cada parque existente habría que levantarle un monumento. Nunca nadie había descrito tan perfectamente la tendencia de algunas figuras locales, sobre todo políticas, a mantenerse en el juega vivo y el oportunismo más ramplón con tal de seguir llenando sus propios bolsillos. Las de aquí insisten en acosar las arcas estatales con la finalidad de mantener los privilegios que, bajo ningún mandato ni circunstancia, están dispuestos a perder; aún si con ello ponen a prueba la fortaleza del sistema judicial. Claro, a estas alturas están muy seguros y cuentan con la absoluta ineficacia que siempre ha caracterizado a la justicia criolla.

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Pero, tan seguros como se muestran respecto a la ineficiencia del esperpento legal reinante, en la misma medida se presentan incapaces de medir los riesgos y de prever las funestas consecuencias que su descarado actuar podría acarrear para todos. Con una rapidez que jamás han demostrado para resolver los problemas de sus respectivas comunidades, los alcaldes y representantes de corregimientos del país dieron en el clavo para recuperar el privilegio de los gastos de movilización que hace poco les fueron eliminados. Ya sea por medio de aumentos salariales o sumándolo a los gastos de representación, cada vez son más los que en este grupo de funcionarios se reasignan los privilegios económicos que habían perdido. Se tomaron muy a pecho y captaron al vuelo la idea de los “gastos varios”, mencionada en el mismo discurso que les notificaba la suspensión de los gastos de movilización.

De persistir este descarado parasitismo de quienes ven la política como una puerta de entrada a privilegios y beneficios propios – cuando no como el camino a la riqueza fácil-, el país continuará su camino cuesta abajo para terminar convertido en un páramo salvaje, sin espacio para la civilidad y el orden, que son las garantías fundamentales de la vida en comunidad.

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