Tres tristes tragedias…

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Las tribulaciones extremas que han sacudido al mundo durante los últimos dos años, dejaron al desnudo las falencias arraigadas en la realidad cotidiana de la mayoría de las naciones, sobre todo las de Latinoamérica. Y la lección impartida por este período de pandemia es definitiva: que el desarrollo y la prosperidad nacionales descansan sobre una trilogía en la cual, nuestro país, no aprueba el examen. Sin ninguna esperanza de cambio, durante las últimas décadas la educación, el sistema judicial y la salud han marchado cuesta abajo; en un persistente proceso de deterioro.

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ACP

La educación es una de las herramientas más efectivas para consolidar la paz, erradicar la pobreza y, por tanto, impulsar el desarrollo. “La educación es el fundamento básico para la construcción de cualquier sociedad”, a juicio de la Organización de las Naciones Unidas. Mientras que un eficiente sistema de salud asegura una mejor calidad de vida para los ciudadanos, lo que se manifiesta en incrementos de desarrollo humano y de crecimiento tanto individual como colectivo. Y, por su parte, un sistema judicial para el cual la justicia y la ley sean el norte, es requisito indispensable para la convivencia pacífica.

Una nación educada, saludable y donde las desavenencias se resuelvan con estricto apego a las normas, no sólo puede soñar con un porvenir de desarrollo y prosperidad plenas, sino que cuenta con lo que se necesita para hacerlo realidad sin duda alguna. No son las mesas, ni los comités ni las comisiones políticas las que resuelven los problemas y transforman a una colectividad: es el trabajo eficiente que nace de la conjunción de esa necesaria trilogía: salud, educación y justicia.

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