La meritocracia proscrita

0

La excelencia y el talento requieren de estímulos y cuidados, de lo contrario corren el riesgo de marchitarse. Toda la historia del progreso humano se ha tejido alrededor de aquellos individuos que se empinaron por encima de la mediocridad reinante, de los que inconformes ante la rutina y lo común tendieron su mirada hacia objetivos superiores.

Publicidad
Metro de Panama Línea 3

Una nación que cierra los ojos a los méritos y al germen del talento, sobre todo a los de sus generaciones jóvenes, se condena irremediablemente al naufragio y cierra las puertas a cualquier opción de perfeccionamiento, prosperidad y desarrollo.

Un sistema meritocrático riguroso, sin espacios para el oportunismo ni los manejos retorcidos; donde se imponga, se valore y se premie únicamente la inteligencia, es un requisito primordial para cualquier conglomerado humano que aspire a ser protagonista dentro del competitivo escenario regional y global. Más oportuna resulta dicha meritocracia cuando es instaurada para reconocer la valía y los logros sobresalientes de los estudiantes nacionales. Premiar con becas a quienes tienen la fortuna de contar con conexiones, sacrificando a los que exhiben las mejores notas, no es la mejor política a seguir. Y alegar falta de dineros en un país donde una élite conformada mayoritariamente por mediocres que, entre otros privilegios, se embolsan anualmente 12 millones de dólares en simple “movilización”, es otro “cuento de camino” de los muchos a los que han echado mano los burócratas de este país para esconder su desprecio y su incapacidad para sobrevivir en un engranaje administrativo donde el principal requisito fuera el talento. Premiar y reconocer la excelencia no se compagina con la naturaleza del sistema en el que pelechan, donde lo primordial es la conexión amistosa o social y los méritos no son requeridos para los puestos oficiales.

Así andamos de mal.

Publicidad

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here