En el Cuerno de África, Somalilandia es epicentro del tráfico de guepardos

Enclenques, con apenas semanas de vida, unas crías de guepardo se alimentan de un biberón entre débiles ronroneos. Acaban de ser salvados de las garras de unos traficantes, cuyo negocio clandestino se expande en el Cuerno de África.

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En promedio, solo la mitad de estos pequeños felinos rescatados consiguen sobrevivir. Los miembros del Fondo de Protección de Guepardos (CCF) están preocupados por el más pequeño del grupo, el frágil “Green”, que pesa apenas 700 gramos.

“Estaba entre la vida y la muerte”, explica Laurie Marker, fundador de CCF, en las instalaciones de esta asociación en Somalilandia, una república autoproclamada sin reconocimiento internacional en el extremo oriental de África.

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“Green” y sus compañeros tuvieron suerte. Las estimaciones calculan que 300 crías de guepardo pasan cada año por este territorio para ser vendidos a Oriente Medio a ricos compradores que buscan animales exóticos.

Separados de su madre, expedidos de África hacia el conflictivo Yemen y después a los países del Golfo, estos felinos pueden costar hasta 15,000 dólares por ejemplar en el mercado negro.

Pero primero deben sobrevivir al viaje, en el que generalmente están mal alimentados, encerrados en minúsculas cajas y a veces con las patas atadas.

Menos conocido que el tráfico de marfil de elefantes o de cuernos de rinoceronte, este comercio no es menos devastador para el felino más amenazado de África.

Ostentación

Hace un siglo había unos 100,000 guepardos en el planeta. Actualmente, entre la destrucción de su hábitat y el comercio ilegal, apenas quedan 7,000.

Entre 2009 y 2019, más de 3,600 guepardos vivos fueron vendidos ilegalmente en el mundo, según un estudio publicado este año basado en el análisis de cientos de anuncios de crías de guepardo publicados en redes sociales.

Como su cría es particularmente difícil, capturarlos en la naturaleza es el único medio de hacerse con uno.

“A este ritmo (…), esto va a provocar la extinción de la especie en muy poco tiempo”, advierte Marker.
Los guepardos han sido usados como animales de compañía y de caza desde el Imperio romano.

Hoy son especialmente cotizados en los países del Golfo. Así como los vehículos de lujo o los fajos de billetes, estos animales son exhibidos en selfis por sus propietarios para alardear de riqueza.

Desde la asociación de Marker tratan de sensibilizar contra estos comportamientos. “Uno de nuestro mensajes es no pulsar +me gusta+ a este tipo de cosas en redes sociales”, dice.

Difícil de controlar 

La situación de Somalilandia, por donde pasa gran parte de este comercio, dificulta especialmente los esfuerzos para luchar contra el tráfico ilegal.
Esta región sin reconocimiento internacional se encuentra entre las más pobres del mundo.

Enclavada entre Etiopía, Yibuti y Somalia, y a solo 850 km de las costas del Yemen, sus autoridades apenas controlan sus porosas fronteras.

El ministro de Interior, Mohamed Kahin Ahmed, afirma a AFP que la pequeña unidad de guardacostas da lo mejor de sí para luchar contra el comercio de guepardos, pero también debe combatir el tráfico de armas y de seres humanos.

En los últimos años, las incautaciones se dispararon, de la mano de una creciente represión impulsada desde el gobierno.

Del puñado de felinos acogidos en 2018, la recuperación de “Green” y sus congéneres lleva a 67 el número de crías actualmente atendidas en los refugios de CCF en Hargeisa, la capital de Somalilandia.

Las leyes que criminalizan la venta de guepardos se empezaron a aplicar. En octubre de 2020, se desmanteló una red de contrabando y un importante traficante fue procesado en un juicio histórico.

En el marco de un programa financiado por Reino Unido, Somalilandia comparte sus informaciones con los países vecinos y Yemen para impedir el éxodo de este animal emblemático de África.

¿Una generación sin guepardos? 

El gobierno también presta atención a las comunidades rurales, cuyas conflictivas relaciones con los guepardos alimentan el comercio.

De 13 crías confiscadas entre septiembre y noviembre, al menos cuatro fueron capturados por agricultores que querían venderlos para, según ellos, recuperar parte del dinero perdido por los ataques de este animal a su ganado.

“La próxima generación puede que no vea nunca un guepardo si continúa este comercio ilegal”, dijo la exministra de Relaciones Exteriores de Somalilandia, Edna Adan Ismail, en una rueda de prensa contra la caza furtiva en septiembre.
Ahmed Yusuuf Ibrahim se propuso como misión que esto no ocurra.

Este veterinario de 27 años se encarga de cuidar a los pequeños guepardos rescatados. Retirados de su hábitat, los guepardos no pueden volver solos a la naturaleza, con lo que son reintroducidos en un cercado natural cerca de Hargeisa.

Pero mientras, Ibrahim los mima y controla que tengan la cantidad de carne de camello que necesitan. “Me ocupo de ellos. Los alimentos, los limpio. Son mis bebés”, explica.

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