Cuando la única seguridad son las excusas

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Para quien no sabe a qué puerto se encamina, sentenciaba el filósofo romano Séneca, ningún viento resulta favorable. Y nunca mejor dicho, pues resulta aplicable a todos los aspectos del quehacer humano, incluso al ejercicio del poder donde- más que en cualquier otro campo- se requiere de metas claras cuya obtención se traduzca en beneficios tangibles para el país o una región en particular.

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ACP

Ahí radica el valor de un plan de gobierno que, en palabras del expresidente ecuatoriano, Rodrigo Borja, en su Enciclopedia de la política, se define como “un instrumento de acción política, económica y social, materializado en un documento que establece el conjunto de objetivos a alcanzarse por el gobierno en un determinado plazo y los medios que le servirán para ello. Contiene, por tanto, una serie de previsiones y metas para cuya realización se prevén los métodos y los instrumentos adecuados”.

Se podría agregar que de un plan de gobierno se derivan las acciones concretas para mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos, además de proporcionar las directrices para la asignación eficiente de los recursos, enfocar las acciones estratégicas de la gestión y ayudar a medir los resultados, con lo que se respalda los logros alcanzados.

Pero, en una época donde prima la forma sobre el contenido, no podía ser de otra manera: los planes de gobierno han quedado reducidos a un simple instrumento propagandístico dentro de la campaña política; una colección de palabras y promesas cuya única finalidad es ganar la simpatía del electorado y, con ella, los votos. Luego del triunfo electoral queda al desnudo la ausencia de planes verdaderos para encaminar a la nación y el timón cae en manos de la más cruda improvisación.

Por ello, no resulta sorprendente que los años de gestión gubernamental resulten tan huérfanos en cuanto a logros relevantes y que, a todos los niveles, lo que abunde sean los funcionarios diestros para brindar excusas e incapaces de concretar una meta significativa para el resto del país. Tal vez en ellos pensaba Henry Ford al compartir que “todo el secreto de una vida exitosa es averiguar cuál es el destino, qué tienes que hacer, y luego hacerlo”.

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