Bicentenario del Grito: Estampas de Rufina y La Villa de Los Santos

Tras 18 días del Grito de La Villa de Los Santos, Panamá oficializa su independencia de España, el 28 de noviembre de 1821.

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Hace 200 años el despertar de la soberanía nació en la región santeña. En 1821, la nacionalidad se pintó y tomó forma de mujer. Una fuerza que gritó con altiva voz: libertad.

Hoy, hace dos siglos, de aquella gran gesta patriótica que luchó para forjar nuestra identidad y exaltar nuestra nacionalidad.

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Aquel trascendental día, hace 200 años, nació nuestra patria, pues el histórico grito abrió el camino hacia la formación de nuestra nación.

El 10 de noviembre de 1821 se dio el Primer Grito de Independencia dado en La Villa de Los Santos. Allí nació la patria.

Y después de dos siglos sigue vigente, entre leyenda, orgullo y añoranza, como idealizando la libertad la misteriosa figura de Rufina Alfaro.

Ícono de la idiosincrasia istmeña, de la lucha por la igualdad, la esencia, la fuerza y el crecimiento del pueblo santeño que ha trascendido a otras regiones del país.

Historias y creencias

 

El sociólogo e investigador Milcíades Pinzón Rodríguez nos da algunas observaciones sobre este legendario y misterioso personaje.

Con el arribo del mes de noviembre y la conmemoración del Grito Santeño del 10 de noviembre de 1821, la pregunta machacona es saber si existió la famosa Heroína Santeña, expone el historiador

Ante la dilucidación del interrogante aparecen dos corrientes bien definidas; aquellos que defienden al personaje y se hacen eco de la supuesta leyenda, así como quienes reclaman la inexistencia de la partida bautismal de la fémina y como el documento no aparece, desean sacarla – como si se tratase del mismísimo general Francisco Franco y Bahamonde- del panteón de la nacionalidad y enterrarla en la necrópolis de personajes mitológicos; como el Padre sin cabeza, la Tepesa, Señiles y demás seres que moran en la cultura campesina.

“En diversas ocasiones he investigado el tema y lo que como moscardón siempre ha taladrado mi cacumen es el empeño de hacer del rufinismo un asunto serio y no el discurso de tunantes que se adhieren a la primera comparsa que recorre el poblado”, explica.

Rufina es ciencia, mitología, patria, liberación, campesinos, próceres e identidad, es fuerza, hazaña y orgullo.

El mismo debate sobre el personaje ya pone en evidencia que se trata de un asunto sensible para el panameño y que éste lo ha internalizado en su imaginario popular, al punto que mira con estupor a quienes osan poner en duda su existencia, particularmente para el santeñismo que lo ha elevado a los altares de su devoción peninsular.

Rufina es cultura santeña

Para este grupo humano, Rufina es parte consustancial de su existencia y un ícono del movimiento separatista incoado en la tierra del Canajagua y cerro Quema.

Tan relevante como la Marianne francesa o la leyenda de la loba que amamantó a los niños y que forma parte de los orígenes de Roma.

“Valorar a Rufina Alfaro desde una de las dos vertientes analíticas siempre me ha parecido insuficiente, tanto para un enfoque como para el otro, porque los temas que se vinculan con la imagen de la nación no pueden ser solo asunto de sentimientos o racionamientos pretendidamente científicos”, dijo.

La dialéctica sociocultural de Rufina es un ir y venir entre apologistas y detractores; y entre más enconada se vuelve la polémica, más crece su sombra, como la del Canajagua o el perpetuo fluir del río De Los Maizales que en el siglo XVI describiera Gaspar de Espinosa.

Y tal parece que su estampa campesina está llamada a pensar la patria desde ambos miradores analíticos, como si su figura estuviera destinada a despertar nuestra escurridiza conciencia de patria.

“Hoy, como ayer, sentado en las faldas de cerro El Barco, trato de comprender y disfrutar el viejo dilema al que nos incita Rufina, tan añejo como la historia del homínido soñador y pragmático. Y sonrío para mis adentros, porque hasta en eso la señora Alfaro nos lega enseñanzas; demuestra que la patria siempre ha de ser objeto de cogitaciones, de luchas y polémicas, y que a ella se le engrandece por la vía de la razón y del corazón”,  sostiene Pinzón.

Históricamente no hay nada que corrobore que Rufina existió, pero alrededor de su imagen, de su misterio y leyenda se ha exaltado el orgullo de un pueblo por la soberanía de una nación y la exaltación de la patria.

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