El verdadero jinete fantasma

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Cuando aquél 2 de diciembre de 1823 el entonces presidente de los Estados Unidos, James Monroe, en su mensaje anual al Congreso enunciara la doctrina que lleva su nombre, nadie habría considerado la posibilidad que casi dos siglos después el eco de “América para los americanos” aún tronaría por los escenarios del continente.

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En el presente, sin lugar a dudas, Latinoamérica figura como una de las regiones más corruptas del mundo, donde la fragilidad de las instituciones, la falta de transparencia y los sistemas judiciales fallidos son la regla y no la excepción. Las prácticas corruptas, a juicio del secretario de Estado, Antony Blinken, le cuestan a Centroamérica la bicoca de 13 mil millones de dólares anuales, lo que se traduce en menos escuelas, menos salud y menos seguridad para los ciudadanos del área. Además, estas malas prácticas atentan contra el estado de derecho y dificultan el surgimiento de las inversiones necesarias para la creación de empleos.

Recientemente fue anunciada la creación de un correo electrónico para que los ciudadanos del istmo centroamericano puedan denunciar los casos que resulten con tintes sospechosos. En Panamá, desde mayo de este año, se hizo efectiva una Fuerza de Tarea contra el Lavado de Activos y la Corrupción. Con la cooperación del Buró Federal de Investigaciones (FBI), la Administración de Control de Drogas (DEA) y el Departamento de Seguridad Nacional, se pretende encontrar, recuperar y repatriar los activos mal habidos por quienes se aprovechan de los cargos gubernamentales para engordar ilegalmente sus billeteras.

Aunque la intención es loable, no deja de ser una bofetada para las naciones del área porque deja en evidencia el fracaso de los organismos de justicia nacionales socavados por la venalidad y cómplices de la degradación que impera. Por otra parte, muy poca esperanza puede abrigarse si las cortes y los sistemas judiciales criollos continúan en manos de quienes, sin ruborizarse, han renegado de su misión de aplicar las leyes- por cobardía o conveniencia- y, haciéndose de la “vista gorda”, han aportado sustanciosamente a la debacle. Gracias a ellos, James Monroe cabalga nuevamente.

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