El tren de las riquezas

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Si algo dejó claramente establecida la pandemia es que la seguridad y la prosperidad van de la mano con la ciencia y la tecnología. En medio de una crisis sanitaria inesperada, que ha causado millones de víctimas, la ciencia tomó las riendas y en tiempo récord puso a disposición del mundo cerca de trece vacunas para luchar contra el virus, además de otros 200 o 300 proyectos de antígenos que aún están en desarrollo. Esta crisis de salud definió el nuevo escenario mundial, donde la ciencia ocupa un espacio central para las políticas de desarrollo. Urge que las naciones latinoamericanas lo comprendan si no quieren quedarse rezagadas. La inversión que se lleve a cabo en investigación (I+D) determina de manera directa el avance y la prosperidad de los países que sepan comprenderlo y, sobre todo, llevarlo a cabo. El porcentaje del PIB que invierten naciones como Israel (4.95%), Corea del Sur (4.81%), Japón (3.26%) y Alemania (3.09%) lo dejan muy en claro: las riquezas nacionales y la ciencia viajan juntas. 

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ACP

En nuestro país, lamentablemente, quienes dirigen el país parecen ignorar que la investigación científica es la columna central que contribuye al bienestar de los ciudadanos y a mejorar su calidad de vida; que de la ciencia dependen la salud, las riquezas, el poder y el futuro nacionales. Este desconocimiento sobre las ventajas del hacer científico explicaría, entonces, que la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Senacyt) tenga que rogar por un mayor presupuesto para llevar a cabo sus funciones. Porque, a consecuencia del recorte sufrido, se ponen en riesgo los trabajos de otros centros de investigación bajo su paraguas y se amenaza la posibilidad de seguir formando profesionales investigadores que dependen de sus becas de estudio. 

Mientras una institución tan desacreditada como la Asamblea Nacional es escenario de danzas millonarias y disfruta de un opulento presupuesto que no se refleja en beneficios para la nación, aquellas que podrían impulsarla al desarrollo trabajan con las uñas y van dando tumbos, obligadas a mendigar recursos. Las miras estrechas de una reducida casta, se empeña en mantener al país sumido en el subdesarrollo mientras el tren donde viajan el porvenir y la prosperidad pasa de largo sin hacer alto en la estación nacional. 

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