La verdadera reforma

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En 1990, luego de la caída de la tiranía vigente desde 1968, estaba claro que la nación precisaba comprometerse a perfeccionar gradualmente su incipiente sistema democrático; y dentro de esta tarea destacaba, como base de esa democracia, elevar los niveles de excelencia del proceso de elecciones. Para tal fin se creó la Comisión Nacional de Reformas Electorales (CNRE), un órgano consultivo del Tribunal Electoral que, luego de cada elección, evalúa las buenas prácticas y los errores cometidos durante el proceso para extraer de esa experiencia los principios rectores y las mejoras que lleven a perfeccionar la legislación electoral.

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Con esa finalidad, mediante el decreto 42 del 2 de diciembre de 2019 se realizó la convocatoria para integrar la CNRE 2020 que se encargaría, como ya es costumbre, de trabajar en las propuestas para consolidar la mejora continua de las normas que rigen la escogencia de quienes, desde distintos puestos, representarán a sus electores y llevarán, en mayor o menor grado, las riendas del país.

Luego de una veintena de reuniones realizadas a lo largo de un año, el 10 de febrero fue presentado el proyecto de ley que reformaría el Código Electoral para las próximas elecciones generales. En el documento constan 323 artículos aprobados para reestructurar preceptos, adicionar y derogar algunos otros de la norma que rige. Medio año después, la Comisión de Gobierno, Justicia y Asuntos Constitucionales de la Asamblea Nacional comenzó el 18 de agosto pasado la discusión del proyecto de ley 544 que establecerá de manera definitiva los reglamentos que darán forma al torneo electoral de 2024.

El pasado 2 de septiembre fue aprobado el primer bloque de reformas que, entre otros, incluye temas de cambio de residencia, impugnaciones al Padrón Electoral, financiamiento y topes e ingresos de gasto para cada uno de los cargos. Pero, junto a las nuevas propuestas concebidas en la Asamblea, y a las reformadas, se imponen sin ambages, también, los mezquinos intereses políticos que marcan el ritmo de todo cuanto se mueve en tan “honorable” órgano del Estado. Y es tal el mamotreto resultante que los magistrados del Tribunal Electoral anunciaron que ante tamaño retroceso optan por retirarse de las discusiones que se dan; no sin antes aconsejar que, si el proceso de reforma en curso continúa por el camino que va, lo prudente sería organizar las próximas elecciones con el Código Electoral vigente, “pero bajo ningún concepto desmejorarlo”.

El perro que come huevos-dicta la sabiduría popular-, ni quemándole el hocico. Y aquí los ejemplos sobran.

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