Historia de las carreteras II

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Foto: Wikipedia.

Ante la situación de descuido en la que se encuentran las calles y carreteras en nuestro país, en La Historia Habla hemos revisado la historia de las vías de comunicación terrestres. ¿Desde cuándo nos movilizamos por carretera? Vamos a verlo en esta nueva entrega de La Historia Habla.

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ACP

En nuestro continente, antes de la llegada de los españoles, ya había importantes redes de carreteras. En el Imperio Inca, en Suramérica, a pesar de que desconocían el uso de la rueda, los incas construyeron dos caminos desde Quito al sur del Cuzco para movilizar a los peatones y las recuas de llamas y alpacas de carga. El primero de estos recorría la costa pacífica a lo largo de 3 600 km. La otra vía recorría la cordillera de los Andes atravesando 2 640 km. El Camino de los Andes llega a tener en varios de sus puntos más de 7 metros de ancho y en su recorrido atraviesa las más altas montañas andinas, logrando superar el desnivel con pendientes muy suaves mediante un trazado en zigzag. Los ingenieros que lo construyeron realizaron cortes en la roca viva y galerías a través de macizos de roca con muros de contención de centenares de metros. Los anchos valles entre las montañas, en algunos casos verdaderos abismos vertiginosos se cruzaban mediante puentes colgantes fabricados con cuerdas gruesas de lana de alpaca y fibras naturales. La superficie varía según los tramos, usándose generalmente losas de piedra y asfalto en otras partes.

Ambos caminos, el que recorría el litoral y el que recorría la cordillera, estaban conectados transversalmente en varios puntos por carreteras de enlace. Además de eso, en el Camino de los Incas había atalayas de vigilancia a lo largo de su extensión que servían como un servicio de señalización visual a distancia, es decir era una especie de telégrafo óptico. Esta red de carreteras estaba recorrida día y noche por un sistema de correo rápido. Chasqui es una palabra quechua que significa ‘correo’. Estos mensajeros personales del Inca eran jóvenes veloces y resistentes corredores, que se desplazaban corriendo por la red de caminos del Imperio para entregar mensajes o encomiendas.

Ahora bien, cuando hablamos de carreteras antiguas lo primero que se nos viene a la mente son las famosas vías romanas. Estas vías romanas se denominaban calzadas, palabra que deriva de calcis, piedra caliza, porque utilizaban precisamente ese material en su construcción.

La técnica de ingeniería que utilizaban los constructores romanos era sumamente elaborada y el método constructivo, fijado alrededor del año 300 a. C., se convirtió en el estándar para los siguientes 2000 años. Aún hoy en día hay tramos de calzadas romanas en uso y en perfecto estado. Los romanos trazaban sus calzadas casi a tiralíneas del punto A al punto B sin desviarse por ningún obstáculo, cruzaban pantanos, barrancos, lagos o montañas con un número mínimo de curvas. Para eso realizaban obras de fábrica, tramos sobre pilotes de madera, puentes con arcos, que todavía hoy provocan la admiración en los ingenieros modernos.

Veintinueve, sí, 29 calzadas salían de Roma, la gran urbe imperial, (por eso reza el dicho que todos los caminos conducen a Roma), aunque la más famosa era la vía Apia, cuya construcción comenzó en el año 312 a. C. y su recorrido final era de tenía 660 km. Aunque ya un siglo antes se habían desarrollado otras calzadas, como la vía Faminia hacia el 220 a.C.

Las calzadas romanas se construían con tres capas superpuestas, en primer lugar el suelo se cubría con un ligero lecho de arena o mortero, lo que hoy se llama explanada mejorada; a continuación colocaban una capa de piedras que se llamaba statumen de hasta 60 cm de espesor sobre la cual extendían una capa de caliche mezclado con cal que llegaba a alcanzar los 23 cm de espesor esto era el rudus y ambos formaban la subbase. Cubriendo esto se extendía una capa de piedra partida aglomerada con cal grasa. (la cal grasa es cal con una pequeña cantidad de óxido de magnesio), esta capa se llama nucleus y podía llegar a tener hasta 30 cm de espesor. Por último se colocaba un enlosado unido con mortero de cal, (cantos planos acoplados con martillo o piedra labrada), que se llamaba sumus crustae o pavimentum de unos 15 cm de espesor, lo que actualmente denominamos pavimento.

El imperio romano estaba cruzado por más de 140 000 km de calzadas y entre ellos desde luego que también había carreteras de segunda y de tercera categoría, por ejemplo, las de tercera categoría eran como los caminos de tierra que nosotros conocemos hoy en día.

A lo largo de las vías romanas se encontraban las columnas miliarias que marcaban las distancias y en los cruces entre caminos otras columnas señalaban las direcciones de los diferentes pueblos. Según la ley romana cualquiera tenía derecho a usar las calzadas pero los responsables del mantenimiento eran los habitantes del territorio por el que pasaba cada una. Este sistema fue eficaz para mantener las calzadas en buen estado mientras existió una autoridad que lo impusiera, pero con la caída del imperio bajo los bárbaros entre los siglos X al XV, esta magnífica red de comunicaciones desapareció en muchos tramos ya que en muchos casos las calzadas romanas se utilizaron como canteras.

El francés Nicolas Verger escribió en 1622 una historia de los grandes caminos del imperio romano donde exponía la gran importancia que habían tenido las calzadas romanas y le solicitaba al rey que la Corona inviertiese en este tipo de obras “para proporcionar trabajo a los pobres y que sean de utilidad tanto en la guerra como en la paz”. Sin embargo, fue el ministro de Luis XIV, Colbert, quien promovió la construcción de unos 24 000 km de carreteras y caminos en Francia. Además el Parlamento instituyó un sistema de franquicias a compañías privadas para el mantenimiento de las carreteras, permitiéndoles que cobraran un peaje por el uso de las mismas.

Y es precisamente en el siglo XVIII cuando se funda en Francia la Escuela de Puentes y Caminos, la primera escuela de ingeniería del mundo. También en este siglo XVIII pero al otro lado del Canal de la Mancha, en Inglaterra, John Metcalf fue el pionero en la construcción de las carreteras. Este hombre, aunque había quedado ciego a los 6 años a causa de la viruela, promovió la construcción de más de 300 km de carreteras y puentes en Inglaterra y sentó las bases para que los firmes tuvieran buenos desagües.

Un siglo más tarde, ya en el XIX, en Gran Bretaña comienzan a sustituirse los enlosados o adoquinados, (los pavimentos clásicos desde las calzadas romanas), por la técnica actual de construcción de firmes y se introduce el ladrillo y el asfalto como pavimento.

Ya el siglo XX se estrena en España con una red de carreteras de más 36 000 kilómetros. Por ella circulaban carretas, caballerías y… automóviles. Exactamente tres vehículos estaban matriculados en el año 1900 en la Península. Pero de la historia de la expansión del automóvil hablaremos en otra entrega de La Historia Habla.

 

 

 

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