Consumir lujo ya no es un signo de estatus para los adinerados del mundo

Buscan sobre todo servicios y productos que les diferencien del resto de los mortales, y huyen de la ostentación.

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Ahora los ricos muy ricos, como Zuckerberg, van en sandalias y camiseta.
El CEO y fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, por ejemplo, suele usar en muchas ocasiones el mismo tipo de prenda: una camiseta color gris sin logos ni detalles. Archivo/AFP

Consumir lujo ya no es un signo de estatus para los más adinerados del mundo. Ahora vivir mejor y seguir una alimentación muy selecta es lo que les distingue del resto.

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Rincón de Lupe

Cada vez hay más personas acaudaladas en el mundo. En 2020 el número mundial de millonarios, gente con más de un millón de dólares, aumentó en 5.2 millones, hasta alcanzar a un colectivo de 56.1 millones. La riqueza se ha multiplicado casi por cuatro, de 41.5 miles de millones de dólares a 191.6 miles de millones de dólares en 2020, de acuerdo con un informe del Global Wealth Report 2021, elaborado por Credit Suisse Research Institute.

Pero, a pesar de su riqueza los acaudalados del mundo huyen cada vez más de la ostentación.

El CEO y fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, por ejemplo, suele usar en muchas ocasiones el mismo tipo de camiseta. La prenda, color gris y sin detalles, se ha dejado ver en múltiples conferencias, encuentros y paseos del empresario.

Para Pedro Rey, profesor de comportamiento económico de Esade, (una institución académica privada de educación superior ubicada en España), una de las primeras cosas que hacen “los ricos a la hora de consumir es señalizar su identidad como millonarios”, y aclara que consumir lujo ya no un signo de estatus porque la clase media también puede acceder a comprar un iPhone, ropa de marca o un bolso de Louis Vuitton. “Ahora los ricos muy ricos, como Zuckerberg, van en sandalias y camiseta, y evitan esos signos que antes se utilizaban para que se viera que se había llegado a un determinado estatus. Son abanderados, en cierta medida, del movimiento no logo, aquel que huye de los anagramas de las grandes marcas de lujo, según reseña una nota publicada en el diario El País de España.

Ahora consumen servicios, salud o formación. Llevan a sus hijos a colegios y universidades elitistas, adquieren seguros privados, siguen una alimentación muy selecta, porque vivir mejor es lo que les distingue del resto”, prosigue Rey. Esta tendencia también se observa en la compra de vehículos, donde, por ejemplo, Tesla tiene una gran aceptación dentro de los que se apuntan o están concienciados con el medio ambiente y la salvación del planeta.

Otro elemento relevante detalla Felipe Romero, socio de la consultora The Cocktail, es la validación social, convertirse en un referente: ya no desde el reconocimiento de su éxito vía consumo, que sería el reconocimiento sin la etiqueta de social, y que era quizás el modelo de hace 15 o 20 años, y se concretaba en cierto consumo de ostentación. “Aquí lo que vemos son iniciativas como escribir, hacer donaciones, narrar su historia de éxito o emprender iniciativas sociales”.

 Además la adquisición de arte suele ser una vía de entrada y de aceptación dentro de las grandes fortunas. El simple hecho de que se adquieran ya es “una señal de que se tiene determinado nivel cultural, además de poder adquisitivo”. Y eso es cada vez más relevante, aseguran los expertos.

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