Los ojos remotos

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Una investigación llevada a cabo por el grupo Forbiden Stories en colaboración con Amnistía Internacional, bajo la supervisión de Citizen Lab y en asociación con un consorcio internacional de medios de comunicación, reveló la filtración de una lista de más de 50 mil teléfonos que fueron espiados por medio del software Pegasus, de la empresa israelí NSO Group. En la lista figuran periodistas de la Agencia France-Presse, New York Times, CNN, The Wall Street Journal, France 24, Al Jazeera, El País, Le Monde, The Economist, Radio Free Europe, Mediapart, Bloomberg, Associated Press, Voice of América y Reuters. Entre las más de mil víctimas de espionaje identificadas en alrededor de 50 países, destacan miembros de la familia real árabe, 65 altos ejecutivos, 85 activistas de los derechos humanos, 189 periodistas y más de 600 políticos, algunos de ellos ministros y militares. En opinión de Agnes Callamard, secretaria general de Amnistía Internacional, “la cifra de periodistas identificados como objetivos ilustra con claridad que Pegasus se utiliza como herramienta para intimidar a los medios de comunicación críticos”.

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Para Amnistía Internacional resulta evidente que el software de la empresa NSO Group “se ha utilizado para facilitar la comisión de violaciones de derechos humanos a gran escala en todo el mundo”. Entre los casos denunciados destaca el del reportero mexicano Cecilio Pineda, quien bajo constantes amenazas de muerte, estaba obligado a cuidar estrictamente sus movimientos y a mudar de domicilio con frecuencia: fue asesinado en 2017 y su teléfono estaba infectado. En la lista figuran, también, dos números pertenecientes a mujeres cercanas a Jamal Khashoggi, periodista árabe asesinado en 2018.

Pegasus es una herramienta de alto poder invasivo que toma el control de la cámara y el micrófono y, además, accede a los datos del dispositivo convirtiéndolo en el perfecto espía de bolsillo. Fue creado por NSO Group, la empresa fundada por Shalev Hulio y Omri Lavie, con sede en el centro israelí de alta tecnología, cerca de Tel Aviv. Según declaran directivos de la misma, el software solamente se vende a agencias policiales y de inteligencia de algunos gobiernos con el único propósito de salvar vidas mediante la prevención del crimen y de actos terroristas.

Sin embargo, la sistemática violación de la privacidad y los numerosos escándalos en los cuales ha estado presente la mencionada tecnología, hacen pensar que su uso excede el señalado por la empresa: no son pocos los que temen que se esté utilizando, además de espionaje, para localizar a los disidentes, para perfilado social, represión y el asesinato.

En Panamá, unas 150 personas fueron -presuntamente- vigiladas utilizando este programa. En México, según la lista denunciada por la investigación, la cifra de teléfonos espiados bordea los 15 mil. Ya en 2018 Citizen Lab advirtió sobre ataques ejecutados con Pegasus en 45 países. Y dos años antes, activistas defensores de los derechos humanos eran espiados con el artilugio señalado.

“Estos informes confirman la urgente necesidad de regular mejor la venta, transferencia y uso de tecnología de vigilancia y asegurar una estricta supervisión y autorización”, advierte Michelle Bachelet, Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. “Sin marcos regulatorios que cumplan con los derechos humanos, existen demasiados riesgos de que se abuse de estas herramientas para intimidar a los críticos y silenciar la disidencia”.

 

 

 

 

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