Mejor o feliz

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El corredor de la muerte es la antesala al infierno, conformado por una serie de celdas que están una junto a la otra, todas habitadas por condenados a la pena capital, la muerte. Uno cree que se van al infierno, pero la realidad es que el infierno lo sufren en vida hasta el día de su ejecución. Unos se resignan y sobrellevan el paso del tiempo dándole sentido a todo. La muerte es la libertad. Otros, con menos paciencia y más resueltos solicitan que se ejecute la sentencia. Esa espera no duele, pero se sufre. No hay remedio, en todo caso la muerte es cuestión de turnos. Hay otra espera, otro corredor de la muerte que no tiene fecha de ejecución, esta sí duele. No se sufre dentro de celdas, cuando el confinamiento eres tú. Tu cuerpo. Hay una manera de sobrellevar esta insufrible condena, cuando en otro corredor alguien se consume por una enfermedad y tiene que soportar el dolor físico de un padecimiento que no tiene cura. Todos los días viviendo con una condición, sabiendo que hay algo que los puede ayudar, pero que hasta el día de hoy se les niega. Al menos en Panamá.

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Rincón de Lupe

La marihuana, o el cannabis, podrá crecer en los parques o enredarse en los muros, pero a un enfermo crónico o que padece alguna enfermedad de esas que llaman raras no se le permite en Panamá el acceso a ella como una alternativa medicinal. Es un tema muy delicado, por lo que está sobre la mesa, una industria que se está abriendo paso a nivel mundial, y como todo lo que sea una amenaza para alguien la solución es satanizarlo. La marihuana, las cosas se llaman por su nombre, desde que yo tengo memoria al que la consumía lo etiquetaban de antisocial. Conocí a muchos “vegetarianos” y la felicidad se les notaba en el rostro cuando estaban de “viaje”, así decíamos al ver a alguien fumarse un pito, cáñamo, bate, kenke, hierba, etc., jamás los oí decir me metí tremendo cannabis. No era tanta la literatura.

La marihuana viene acompañando al hombre desde que se dio cuenta que estaba solo. El hombre la consumía ya sea para procurarse un remedio o simplemente para sentirse feliz. El uso, digamos, recreativo de la marihuana es otra cosa, pero aquel que por una urgente necesidad llega a usarla para sentirse mejor, ese merece toda la atención. Los que saben del tema dan fe que la marihuana tiene sus orígenes en Asia. Para el año 2737 a.C. ya existían pruebas documentales que daban referencia del uso medicinal de la planta para tratar dolencias corporales. La historia antigua tiene pasajes en los que a través de una escritura fantástica hablaban de la marihuana como una planta divina, sagrada, milagrosa y esto no era más que por el efecto que producía en quienes la consumían. Indescriptible.

Cuando se empezó a investigar el uso de la marihuana en el tratamiento de enfermedades o dolencias, luego de la observación de los resultados, se concluyó que aquellas personas que la consumían lo que realmente experimentaban era un alivio, un estado de relajación producto de las propiedades químicas de la planta. No te quita la enfermedad, la controla. La marihuana, dicen los científicos, está formada básicamente de dos componentes y de ahí los resultados o efectos. El principal es el componente psicoactivo y el otro son potentes componentes antiinflamatorios y analgésicos. Un componente químico que te hace sentir feliz y el otro mejor. La marihuana pasó por todas los civilizaciones e imperios y esta maravilla llega a nosotros de la mano de los españoles. Llega a occidente como una opción medicinal porque los españoles ya conocían de sus milagros.

Dónde está la maravilla, el milagro, la magia. Las propiedades medicinales de la marihuana o cannabis, según estudios, se manifiestan a través de diferentes formas, de muchas maneras es beneficioso. Testimonios hay por miles. Basta pensar en una afección y enseguida alguien te recomendará su uso. Como ungüento, aceite, humificador, gotas, pastillas, etc. Por eso que personas con patologías como el glaucoma, autismo, artritis reumatoide, VIH, asma, cáncer, inflamaciones, epilepsia, esclerosis múltiple, insomnio, Parkinson, migraña, dolores crónicos, enfermedades raras y más, hablan de la marihuana o cannabis como quien vio el agua convertirse en vino.

Todo está allí, solo falta la receta e ir a la farmacia. Alto. No todo es coser y cantar. Tres acontecimientos han marcado la regulación o legalización del cannabis o marihuana. En la Segunda Conferencia Internacional del Opio, 1925, celebrada en Suiza se declaró al cannabis o marihuana como un narcótico. Esto significó que su consumo con fines recreativos quedaba restringido, pero su uso medicinal no. Es decir, la gente tendría que buscar otra forma de sentirse feliz, pero podían seguir usándola para sentirse mejor. El otro evento sucedió en Nueva York, 1961, donde se celebró la Convención Única de Estupefacientes. En esta cita se dieron dos hechos relevantes: se dejó de tratar al consumidor como un delincuente, pasando a ser considerado un adicto enfermo y como tal había que procurarle los cuidados necesarios para su tratamiento y rehabilitación. Y lo más importante, que iba a afectar el uso de la marihuana como alternativa medicinal, se calificó a la planta como una droga Clase I, es decir, concluyeron que no tenía ningún valor medicinal. Quedó el cannabis aparejado a nivel de la heroína y la LSD por lo tanto, una droga más que había que sacar de circulación. Y como pasa con todo lo que se intente controlar o restringir, la demanda se disparó y el mercado negro junto con el tráfico ilegal también.

Pasados estos episodios y lo que se ha vivido por más de medio siglo en torno a la producción de droga, es muy significativo que hoy las cosas estén cambiando. Al menos en lo que se refiere al uso medicinal, los efectos de la marihuana no se pueden ignorar. Si no la van a legalizar al menos no la desperdicien. De 1990 a la fecha el cannabis ha tenido un despertar, como una real opción. Ha sido un resurgir milagroso. La marihuana es una sustancia controlada en la mayoría de los países y está prohibido su uso. Sin embargo, su uso médico va en aumento. En 2020, la Organización de Naciones Unidas (ONU) terminó aprobando en Viena uno de los mayores cambios en las políticas sobre drogas, al reconocer las propiedades medicinales del cannabis y eliminarla de la clasificación de los estupefacientes más peligrosos. Lo que sucedió en Nueva York, 60 años después se revirtió en Viena.

Argentina, Colombia, Chile, Ecuador, Perú, Paraguay, Brasil y Puerto Rico tienen leyes que regulan el uso medicinal y terapéutico del cannabis. Siempre bajo prescripción y control médico. Uruguay y México han ido más allá, son los únicos en la región que aparte de reconocerlo como alternativa medicinal aprobaron su uso recreacional. En Estados Unidos la ley federal prohíbe cualquier uso del cannabis; sin embargo, alrededor de 30 estados permiten su uso con fines medicinales. En Centroamérica ningún país lo ha aprobado, nosotros incluidos. Panamá hizo un envión, se atrevió, lo intentó, pero no pasamos de segunda. ¿Qué sucedió?

En Panamá la discusión sobre su comercialización como alternativa medicinal, el proyecto de ley 153, de la mano de los diputados Crispiano Adames y Marcos Castillero llegó hasta segundo debate. Ya en el pleno de la Asamblea Nacional se decidió suspenderlo. No se pudieron poner de acuerdo. Hay que hacerle adecuaciones, ajustes, modificaciones, cambios, correcciones, tanto como beneficios tiene el cannabis. Mandaron a una mesa técnica una iniciativa que solo busca el bienestar de los que sufren. Y entonces nuestros diputados, sabrán las razones, deciden postergar la espera de los desesperados. ¡Es la salud, …! diría James Carville, asesor de Bill Clinton. Realmente Carville habló de la economía, quizá ese es el tema, el estúpido tema de siempre. ¿Será por negocio, o por política? ¿O ambos?

El hombre está condenado a ser libre, decía Sartre. La libertad le es esencial. Los que esperan la muerte en una celda, su condena es otra. Los que están condenados por una condición de salud a vivir presos de una enfermedad pueden librarse al menos del sufrimiento. Ojalá el presidente de la Asamblea, el doctor Crispiano Adames, que en su momento apadrinó el proyecto 153, retome esta iniciativa y con urgencia en nombre de la salud logre que se legalice el uso medicinal y terapéutico del cannabis. Hay que aprobar esta ley pronto, en salud el tiempo es vida, y esto lleva ya más de tres años. Estoy seguro de que el día que esta ley sea sancionada, él se sentirá feliz y mucha gente se sentirá mejor.

 

 

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