El bolsillo virtual

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Durante el último trimestre de 2020, Elon Musk, fundador de Tesla, decidió invertir mil 500 millones de la empresa en la compra de Bitcoins. Esta decisión disparó el precio de la criptomoneda hasta alcanzar los 58 mil dólares de cotización. El 10 de mayo de este año, sin embargo, ha dado marcha atrás anunciando que la empresa no aceptará la criptodivisa como forma de pago en Tesla debido a la “preocupación por el rápido incremento en el uso de energía fósil, especialmente el carbón para el minado y las transacciones” de la misma. Estas declaraciones provocaron, en el término de unas pocas horas, que el Bitcoin deprimiera su valor hasta llegar a los 32 mil dólares.

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Como todos, el de la tecnología también es un mundo de luces y sombras. Y sobre las monedas virtuales se cierne la sombra del alto consumo energético que requiere esa industria. Según anota la Universidad de Cambridge, el consumo eléctrico anual del Bitcoin es de 148 teravatios por hora, muy por encima de los 120 teravatios que consume todo Argentina en el mismo período. Una sola moneda virtual consume el 0.66 por ciento de la energía producida en todo el planeta, según un estudio del Centro para Finanzas Alternativas de la universidad ya mencionada.

La minería del Bitcoin, señalan los expertos, es extremadamente contaminante por la gran cantidad de energía que requiere para su desarrollo: si fuera un país, esta moneda estaría entre los 30 con mayor consumo energético.

En un escenario donde cada día gana más terreno la necesidad de la inversión sostenible y responsable (ISR) y los criterios medioambientales, sociales y de gobernanza, la industria de las criptomonedas está obligada a evolucionar para ponerse a tono con las expectativas que despiertan las tecnologías. Expectativas de eficiencia, respeto al medioambiente y, sobre todo, de aportes para paliar y resolver el complejo problema del cambio climático. Ya Ethereum, la segunda moneda virtual en importancia, asumió el reto y está dando pasos agigantados para disminuir el consumo energético: en el 2020 procesó más del triple de transacciones que Bitcoin, a sólo un tercio de su gasto en electricidad. Otra moneda virtual llamada Algorand resulta más limpia aún: según señala Francisco Benedito, director de la empresa Climatrade, el “Bitcoin requiere de 150 kilovatios por cada transacción, mientras que nuestra criptomoneda sólo usa 0.02”.

Como todos-repetimos-, el de la tecnología es un mundo de luces y sombras. Y las tecnologías que rápidamente perfilan nuestro futuro están basadas en el respeto al medioambiente y la eficiencia energética. Elon Musk lo comprende mejor que nadie: y la vertiginosa industria de las criptomonedas también.

 

 

 

 

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