De realeza y animales

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Tigre de Bengala blanco en su recinto en el Zoológico de Kuwait, Kuwait. Archivo/Yasser Al-Zayyat/AFP.

Camina el rinoceronte / confiado por la sabana
y con su cuerno se ufana / sin nadie que lo confronte.
Mira y mira el horizonte / buscando entre la maleza
cuando aquella bala aviesa / la vida, cruel, le arrebata
y la barbarie insensata / se cobra, otra vez, su presa.

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Rincón de Lupe

(CEO, Rinoceronte)

El príncipe y el oso

Érase una vez, en un pequeño y hermoso país, tan hermoso que era considerado un paraíso… fiscal. Era un país lejano y de habla alemana, llamado Liechtenstein, y en él vivía un príncipe muy joven de nombre Emanuel, quien era sobrino del soberano, ambos pertenecientes a una de las familias reales más ricas de Europa.
Cuentan que el príncipe se aburría “soberanamente”, ya que no tenía trabajo, es decir, se levantaba… y quedaba desocupado.

Agrega la leyenda que, para matar el aburrimiento, un día, el príncipe se fue de cacería con su séquito a los montes Cárpatos… y mató al más hermoso y grande de los osos de Rumania, y tal vez de Europa. Arthur se llamaba el oso, y tenía 17 años. La conmoción que esto causó, sobre todo en Rumania, fue muy grande, porque Arthur era considerado un ícono en ese país.

El rey y los elefantes

En otro reino lejano, llamado España, en abril del año 2012, el rey de ese país sufrió un accidente y se quebró la cadera, mientras andaba por África. Resulta que el soberano, presidente honorario del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), sufrió el accidente mientras paseaba por África en una actividad nada loable y que se contravenía con su puesto de presidente de una entidad que se dedica a proteger a los animales: cazando elefantes. Es decir, en público pretendía ser un gran defensor de la vida salvaje, pero en privado los asesinaba.
Naturalmente, se le pidió que dejara la presidencia de la corporación que se dedica a proteger la vida animal, no a exterminarla, como hacía el monarca. Claro, la indignación que el hecho produjo en la opinión pública hizo que el rey pidiera perdón por su “error”, pero los elefantes no resucitaron con ese gesto. La asamblea del WWF decidió por 226 votos a favor y 13 en contra derogar aquel decreto que lo nombraba presidente honorario.

Este cuento de reyes y de príncipes podría haber quedado genial si los animales resucitaran y los personajes de sangre azul se convirtieran en ángeles. Cuesta entender que en pleno siglo XXI siga habiendo episodios de este tipo. Porque lo del príncipe Emanuel no es de la época medieval, es de la semana pasada.
Desgraciadamente, lo hasta aquí narrado es una triste y cruel realidad, disfrazada de “legal”, aunque sabemos que no siempre lo legal es justo.

Todo lo anterior es como preámbulo para hablar de un tema que es realmente preocupante: en la actualidad hay unos 5,200 animales alrededor del mundo que están amenazados por la extinción, por diferentes motivos.

Y aunque la realeza suele entretenerse matando animales en sus bosques, el exterminio y la extinción de estos ha sido una tónica a lo largo de toda la Historia. Porque desde que la vida amaneció sobre la Tierra, los seres vivos que la pueblan han sufrido diferentes transformaciones.

Newari, un rinoceronte indio macho, se alimenta de hierba en su recinto en el Night Safari, Singapur. 10 de mayo de 2021. Roslan Rahman/AFP

Las causas

Destrucción de hábitat. Es la razón principal de la extinción de los animales. Un hábitat de una especie se transforma y es incapaz de mantener a determinadas especies de animales. Esto afecta flora y fauna, lo que obliga a los animales a emigrar y a reducir la biodiversidad.
La agricultura, la minería, la tala y la proliferación de la especie humana son las causas de esta pérdida de hábitats.

Caza ilegal. Esta modalidad ha causado tanto o más daños que la deforestación. En algunos lugares de Asia se han recogido más de 100 mil trampas que utilizan los cazadores furtivos para atrapar mamíferos. Y en África, como veremos más adelante, la situación es más dramática aún.

Desinformación. En la cordillera de los Andes habitan infinidad de animales mamíferos y aves, en una cadena alimenticia que funciona muy bien. Al menos así era antes.
Resulta que el ser humano ha ido invadiendo no muy lentamente el hábitat de estos animales. Pero como necesitan los terrenos para ampliar sus hatos ganaderos, ponen veneno en aquellos ejemplares que mueren para que pumas y cóndores se los coman…y se envenenen y mueran. Porque existe la creencia de que los cóndores atacan al ganado, algo falso puesto que estas aves de la familia de los buitres son carroñeras. Esta estrategia es válida en muchos rincones del planeta.

De los animales que están en peligro de desaparecer, el 11% son aves; el 20%, reptiles; el 34% son peces; y 25%, anfibios y mamíferos.

La ciencia ha documentado cinco grandes extinciones de animales, sucedidas a lo largo de la existencia del planeta.

La Primera Extinción Masiva se produjo hace unos 440 millones de años, en el período Ordovícico – Telúrico, tuvo una duración de entre 500 mil y un millón de años y extinguió al 85% de las especies que poblaban la Tierra.

La Segunda Extinción Masiva tuvo lugar hace 367 millones de años, en el período Devónico – Carbonífero, duró 3 millones de años y extinguió al 82% de la fauna terrestre.

La Tercera Extinción Masiva está registrada hace unos 251 millones de años, durante el Pérmico –Triásico, tuvo una duración de 2 millones de años y extinguió nada menos que al 96% de los animales sobre la faz del planeta.

La Cuarta Extinción Masiva ocurrió hace 210 millones de años, en el Triásico – Jurásico, tuvo una duración de un millón de años y dejó como saldo el 76% de los animales extinguidos.

La Quinta Extinción Masiva, la más “reciente”, tiene data de 210 millones de años, en el Cretácico – Terciario, tuvo lugar hace solo 65 millones de años y eliminó al 65% de la vida animal.

Pero, volviendo a la época actual, hay muchos animales que están en peligro de desaparecer, sobre todo por la actividad humana, y no solo de reyes y príncipes.

Veamos cómo andamos:

África es el continente de los grandes animales salvajes, hermosos felinos enormes elefantes, rinocerontes, hipopótamos. Ellos siempre han estado en peligro porque los seres humanos se encargan de cazarlos y asesinarlos.

Entre ellos, hay que mencionar al rinoceronte blanco, perseguido implacablemente por los cazadores furtivos, que los matan para extraerles los cuernos, a los que les atribuyen “poderes mágicos”. En 2018 falleció el último de la especie llamada rinoceronte blanco del norte. Ahora solo quedan unos pocos en diferentes zoológicos del planeta.

De igual manera, el elefante africano es perseguido y asesinado para extraerle sus colmillos de marfil, fuente de mucho dinero para los traficantes.

El animal terrestre más rápido que existe, el guepardo o chita, es un felino que puede desarrollar velocidades de hasta 115 km/h. Debido a la caza furtiva y a la destrucción de su hábitat está desapareciendo más rápido de lo que se piensa.

Otro de los animales salvajes en peligro de extinción es el chimpancé, del cual existen cuatro especies, todas en las mismas condiciones.

Así está también, el gorila, del que solo se pueden ver ejemplares en algunas zonas del Congo

Dramática es también la situación de la jirafa, bello animal cuya población se ha visto reducida en un 40% en los últimos 30 años.

En Madagascar, África Oriental, el 95% de los lémures, aquellos simpáticos animalitos, endémicos de ese sitio, están en peligro real de desaparecer, según datos de Global Wildlife Conservation.

En Asia, la situación es parecida. Están en peligro de desaparecer, por ejemplo, el tigre de Bengala, hermoso animal del sudeste asiático, con una estatura superior a los tres metros en los machos adultos y una piel anaranjada que lo hace ser el blanco preferido de los cazadores ilegales. Es uno de los animales en mayor peligro de extinción, producto de la caza ilegal que busca sus pieles y otras partes de su cuerpo, usadas en la medicina tradicional.
También están en peligro, entre otros, el gibón plateado, el panda rojo, el tapir malayo, el león asiático y el elefante asiático.

En el Ártico, hogar de muchos animales, entre ellos el oso polar, la situación no es diferente: según el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés), la continua pérdida del hábitat del oso polar, el hielo marino, debido al cambio climático, ha hecho que este bello animal haya sido considerado como especie amenazada en peligro de extinción. Y si continúa el deshielo del Ártico, ese peligro será mucho mayor.

Veamos la situación de nuestra América.

El jaguar. Según la Fundación Yaguará Panamá, desde 1989 se han matado a “más de 350” jaguares, el felino por excelencia en los bosques panameños y de casi toda América Latina. En la actualidad, en Panamá quedan menos de 1,000 ejemplares de esta especie. Además, se ha perdido el 40% de su hábitat, con el consiguiente peligro para su sobrevivencia. Dicho de paso, la Fundación trabaja en un programa para convencer a los ganaderos de lo conveniente de vivir en armonía con los animales salvajes, primordialmente con el jaguar.

Pero no es solo el jaguar el que está en peligro ni solamente en Panamá. Hay una gran variedad de animales que comparten esta zona geográfica, desde México hasta el sur del continente, que están desapareciendo. Por ejemplo, la rana dorada de Panamá, está extinta en estado salvaje, aunque hay varios programas que trabajan en su conservación y de preservar la especie en cautiverio.

Manatíes, pecaríes, micos nocturnos, iguanas, monos araña, el puma centroamericano, el conejo pintado, el oso de anteojos y hasta el águila harpía, nuestra ave nacional, están en eminente peligro debido a la pérdida de su hábitat. Mención especial para los machos de montes, de los cuales quedan en Panamá menos de 1,000 ejemplares, debido a la caza furtiva.

En otros lugares del planeta, la introducción de animales no nativos ha sido catastrófica. Un ejemplo, el castor, que fue introducido a Tierra del Fuego. Son originarios de Norteamérica, donde los árboles que derriban para construir sus viviendas y diques se recuperan rápidamente. No sucede lo mismo en Tierra del Fuego, ya que los árboles nativos –milenarios, en muchos casos, mueren después de ser derribados por los castores. En la actualidad, el número de castores supera los cien mil miembros… y ya se habla de exterminarlos.

¿Qué podemos hacer para evitar la desaparición de animales y plantas?

En primer lugar, como ya hemos señalado en otras oportunidades, es urgente que evitemos la propagación del cambio climático y la contaminación.

Pero además debemos detener la pérdida de los diferentes hábitats de nuestros animales, es decir, no deforestemos. Todos tenemos derecho a la vida en condiciones dignas.

Urge, también, detener la caza ilegal y castigar con severidad a aquellos que aún continúan con estas prácticas. Como también nosotros podemos ayudar no consumiendo carne de especies salvajes, llámense venados, iguanas, pecaríes y otros.

El planeta está en peligro real. Y aunque hay muchas personas involucradas haciendo ingentes esfuerzos para revertir la situación, todavía la situación sigue siendo dramática. Necesitamos de los buenos oficios de todos.

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ACP

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