Enemigo al acecho

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Vista aérea del lecho seco del río Ai Liao en el condado de Pingtung en Taiwán, el 16 de marzo de 2021. Más de un millón de hogares y negocios en las regiones centrales altamente industrializadas de Taiwán fueron sometidos a racionamiento de agua el 6 de abril de 2021, mientras la isla lucha contra su peor sequía en 56 años. Sam Yeh/AFP

Arrodillado el labrador, sobre su campo / acariciaba su tierra moribunda de sed yerma, quebrada, endurecida / secando la vida de las hierbas. Abrasada por los rayos del sol / a un dantesco suplicio sometida suplicando el milagro de la lluvia / en espasmos de dolor, vencida. (La Sequía, Nicolás Ferreira, uruguayo)

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Municipio de Panamá

Hay un enemigo que actúa agazapado, silencioso y lento. Un enemigo que casi no percibimos, pero que de repente da zarpazos que nos dejan muy mal. Se llama sequía. Pero actúa de la mano de otro enemigo, que pareciera serlo suyo, pero en realidad se combinan para causar daño a la humanidad: las inundaciones. Y los episodios de estos dos extremos de la cuerda cada vez son más frecuentes… y peligrosos. Porque la sequía, sigilosa y traicionera, causa tantas o más víctimas que los terremotos y los huracanes, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés). Hoy hablaremos sobre el primero de estos enemigos.

Por ejemplo, hace unos días, las noticias que llegaban de Asia, concretamente de Taiwan, daban cuenta de la gran sequía que está azotando a esa región del continente, la que ha sido considerada como la peor de las últimas décadas. Las autoridades han advertido a la población prepararse para “lo peor”, tomando en cuenta que el año pasado no hubo tifones, que son un elemento importante para la producción de agua.

Y como todo nos afecta de una u otra manera, resulta que Taiwan es el país de los –en esta época- indispensables semiconductores y procesadores, actividad que necesita millones de litros de agua para funcionar. Por lo pronto, los taiwaneses deberán acostumbrarse a vivir con menos agua, en espera de que las lluvias monzónicas vengan a aliviar la situación.

El caso de esta región no es uno aislado: muchos otros están confrontando serios problemas actualmente, debido al cambio climatológico, lo que naturalmente da como resultado importantes y no deseadas consecuencias para la salud, el ambiente, la economía y la agricultura, sobre todo para la de subsistencia, por la vulnerabilidad que significa esta como fuente de alimentos.

FAO

¿Cuándo podemos considerar que hay sequía en una región?

Cuando la disponibilidad de agua no es la suficiente para satisfacer la demanda, estamos hablando de una sequía. Y por demanda entendemos el agua para consumo de los seres humanos, de los animales, de la flora del área en cuestión. Es, como dicen los expertos, una “anomalía climatológica transitoria”, que en casos extremos puede llegar a la aridez y la desertificación.

A su vez podemos entender la aridez como un desbalance hídrico en el aire y en el suelo, mientras que la desertificación es un proceso en el que el suelo sufre una degradación en la que pierde su posibilidad de producir.

Hay que agregar que en muchos casos esta aridez llega de la mano del ser humano, al talar indiscriminadamente y no permitir el ciclo natural del agua a través de las lluvias.
Y aunque la Naturaleza se ha empeñado en  dotar las zonas desérticas de vida, animal o vegetal, de todas maneras esta es escasa. Es más, las zonas áridas y desérticas son cada día mayores alrededor del planeta.

En la actualidad, los problemas de sequías e inundaciones –los dos extremos del clima– están causando muchos problemas, y ambos fenómenos, los de la ausencia o prominencia de agua, son dañinos y traen hambre y enfermedades, lo que se traduce en destrucción y muerte. Veamos algunos ejemplos.

La sequía en América

El siglo XXI ha sido particularmente duro para nuestra región, debido a las sequías, consideradas las peores de la historia reciente. En los años 50 del siglo XX algunos expertos empezaron a alertar a la población mundial sobre las sequías e inundaciones, aunque en honor a la verdad, pocos les hicieron caso: en los últimos años han transcurrido eventos que no dejan lugar a dudas de que algo pasa. Algo llamado cambio climático, y que afecta a unos 300 millones de personas cada año.

El Banco Mundial publicó un estudio en el que dice que “En América Latina, las pérdidas de ingresos que provoca una sequía son cuatro veces más grandes que los de una inundación”.

Hace unos años, Estados Unidos sufrió una sequía, considerada como la más severa de los últimos 50 años, mientras que en Sudamérica, las siembras de soja de Brasil y Argentina, que proveen al mundo de la mitad de este producto, sufrieron una aridez que lo diezmó de manera muy agresiva.

Según los conocedores y expertos, en los años 80 hubo sequías que dejaron millonarias pérdidas económicas… pero en los años recientes esas pérdidas se han multiplicado.

En Chile, el año 2019 no será recordado muy gratamente por los gobernantes de turno: además del estallido social de octubre de ese año, el país debió enfrentarse al invierno más seco del que se tenga recuerdo en muchos años. Han sido 13 años en que las lluvias no han aparecido como lo harían en épocas normales.

Unos 100 mil animales murieron en la zona central y muchos de los sobrevivientes debieron ser trasladados a zonas con más forraje para poder salvar su vida. Fue un golpe durísimo para los pequeños criadores, que mantienen a sus animales para obtener leche, queso y carne. Hasta las abejas sufrieron los rigores del clima: al no haber flores para alimentarse, muchas colmenas desaparecieron.

Curiosamente, ese año el país iba a ser sede de la COP 25, un evento en el que se trata sobre el cambio climático que vive el planeta, y que tuvo que ser trasladado a Madrid, España.

Pero eso no es lo más preocupante del problema. Como dice el experto climatólogo estadounidense Donald Wilhite, los gobiernos en general no tienen políticas adecuadas para luchar contra este fenómeno, y apenas cae la primera lluvia se olvidan del asunto, llega la apatía. Por eso, Wilhite, que también es profesor de la Universidad de Nebraska-Lincoln, en vez de llamarlo ciclo hidrológico habla del ciclo “hidro ilógico”.

En definitiva, en el último siglo, más de 2 mil millones de personas han sido afectadas –de una u otra manera– por la sequía, además de 11 millones que han perdido la vida, según la FAO.

Y, claro, todo eso también trae aparejado otra arista: los precios. Cada vez los alimentos cuestan más, porque sus costos de producción han subido.

Panamá tampoco escapa a este fenómeno, aunque muchas veces lo ignoremos: según una nota aparecida en La Estrella de Panamá, en mayo de 2019, una sequía en extremo severa provocó ese año los niveles de agua más bajos en el Canal, lo que ha obligado a que se restrinja la cantidad de carga de las embarcaciones más grandes para que puedan navegar por la cuenca”. Agrega la nota que la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) ordenó que las embarcaciones aligeraran su carga para evitar que encallaran, debido a la poca cantidad de agua en la cuenca. Esa misma entidad dijo que en 2019 las lluvias estuvieron un 27 % por debajo de lo acostumbrado.

Como si fuera poco, la temperatura del lago Gatún, el principal abastecedor de agua de la vía, ha aumentado 1.5 grados en los últimos diez años, lo que en la práctica significa una gran pérdida de agua debido a la evaporación que este aumento provoca.
Las limitaciones podrían ser el pan de cada día si los estragos del cambio climático persisten. Hay que recordar que el Canal de Panamá aporta a la economía de la nación alrededor del 20% del presupuesto estatal.

La sequía en otras regiones

Afganistán. Este país, ubicado en el centro de Asia y sin salida al mar, lleva muchos años en constante guerra intestina, lo que lo ha llevado a una situación crítica. Pero todo se agudizó en 2018, cuando una sequía demasiado larga provocó que las cosechas de gran parte del país se perdieran, obligando a cientos de miles de personas a desplazarse hacia otras regiones.

El Cuerno de África. Esta región del África Oriental está compuesta por ocho países: Etiopía, Somalia, Yibuti, Eritrea, Kenia, Uganda, Sudán y Sudán del Sur. En dicha región viven unas 200 millones de personas, y también ha estado en constante guerra. Tiene un clima árido, que se ha vuelto más árido aún en el último tiempo, con la consecuente muerte del ganado y la dificultad de obtener agua de las cuencas subterráneas. Es, de por sí, una de las regiones más pobres del planeta, y las sequías solo vienen a aumentar la miseria de sus habitantes.

Australia. En el invierno del año 2018, Australia fue azotada por una sequía que arruinó las cosechas y diezmó el ganado. A tal grado llegó la intensidad de la sequía que los canguros, símbolo de la nación, comenzaron a invadir fincas agrícolas en busca de agua y comida.

Y aunque su caza es restringida en tiempos normales, en algunos estados el gobierno autorizó a los granjeros para que les dispararan.

Sequía en Europa

La República Checa sufrió el año 2020 “la peor sequía en 500 años, según los expertos, que catalogan este fenómeno como “simplemente catastrófica”. Los ríos cayeron a sus niveles más bajos, y la situación ha afectado a casi toda la nación, especialmente los cultivos, con un estimado en pérdidas de 500 millones de dólares. Pero la calamidad no solo se ha centrado en República Checa, también el resto del continente ha sufrido los estragos: los agricultores de países del norte incluso se vieron obligados a sacrificar ganado por la escasez de forraje.

El clima ha cambiado, no debemos perder de vista eso. Y debemos cambiar nosotros, también. La sequía es algo real, como reales son las inundaciones, la otra cara de esta misma moneda. La próxima semana hablaremos de eso.

 

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