Caricaturas de una marca de ropa provocan la ira de Pekín

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El propietario de la marca de ropa Chickeeduck, Herbert Chow, muestra un bolso de mano que hace su compañía, diseñado con cinco patitos nadando en círculo. Los simpáticos animales de dibujos animados han estado en el corazón de la marca de ropa de Hong Kong Chickeeduck desde 1990, sin embargo son considerados una clara alusión al eslogan de los manifestantes: "Cinco demandas, ni una menos". Isaac Lawrence/AFP

Desde 1990, la marca hongkonesa Chickeeduck fabrica cojines, camisetas y diversas prendas u objetos con caricaturas de patos, pero desde que Pekín controla el territorio, los negocios para su patrón se han vuelto arduos.

Herbert Chow debe ahora encontrar otro país donde fabricar sus productos tras la reciente confiscación en China de 10.000 artículos de la marca, considerados de “incitar a la violencia”.

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“Mi fabricante me dijo que la aduana estima que éstos fomentan la violencia en los movimientos sociales”, indicó Chow, de 57 años, tras decidir sacar a luz sus problemas.

A simple vista, en sus productos, que incluyen pájaros amarillos sosteniendo un paraguas con la inscripción “I love HK” o un pollo portando una bandera, no hay nada subversivo.

El año pasado Chickeeduck sobresalió por negarse a retirar una estatua de un manifestante de una de sus tiendas y el centro comercial respondió negándole la renovación de su contrato. Isaac Lawrence/AFP

Pero, para quienes están familiarizados con los hechos políticos que sacudieron a Hong Kong en 2019, estas caricaturas son un claro guiño al movimiento prodemocracia, en tanto Pekín ha lanzado una campaña represiva contra la disidencia.

Chow no niega querer enviar mensajes. De esta manera, los cinco patitos nadando representados en un bolso son una clara alusión al eslogan de los manifestantes: “Cinco demandas, ni una menos”.

No obstante, dijo estar desconcertado porque tales dibujos sean considerados ilegales.

“No veo qué hay de malo en este mensaje”, señaló. “No veo porqué las autoridades chinas tienen interés en evitar que esto llegue a Hong Kong”, añadió.

Decomiso

Las dificultades que enfrenta Chow revelan cómo ha cambiado la situación en la Hong Kong semiautónoma desde el movimiento prodemocracia de 2019.

Ahora determinadas palabras y opiniones pueden provocar serios problemas a personas y empresas.

Cuando Chow se entrevistó con AFP, el servicio de aduanas hongkonés realizaba una conferencia de prensa anunciando la incautación de unos 9.000 productos de la cadena de supermercados Abouthai.

Para las autoridades estos artículos, en su mayoría importados de Tailandia, no tenían el etiquetado chino adecuado.

Abouthai fue creado por Mike Lam, un empresario prodemocracia, que figura entre las muchas personas acusadas de violar la ley de seguridad nacional impuesta el año pasado por Pekín.

Tras este decomiso, se formaron largas filas frente a las tiendas Abouthai, apoyándolas.

El servicio de aduanas negó que la medida adoptada fuera política y rechazó “toda falsa acusación” que indicara medida “represiva”.

“Ridículas”

Chow, nacido en China continental y emigrado con su familia a Hong Kong, se considera un “chino de Hong Kong” y dice ser un activista prodemocracia moderado.

Su automóvil luce la matrícula “LV1997” (Love 1997), en referencia a la retrocesión del territorio por Gran Bretaña a China.

Al principio, Chow no estuvo políticamente implicado, pero las protestas de 2019 lo cambiaron todo.

Tras manifestar simpatía por el movimiento, fue acusado de “traidor” por ultranacionalistas en la red social Weibo.

A partir de entonces, las cosas fueron a más. “Fue la primera vez que me pregunté qué era este país”, recuerda. En lugar de dar marcha atrás, como muchas empresas, redobló sus esfuerzos.

El año pasado sobresalió por negarse a retirar una estatua de un manifestante de una de sus tiendas y el centro comercial respondió negándole la renovación de su contrato. También ha tenido problemas para encontrar fabricantes para sus productos en el sureste asiático, por la influencia de Pekín.

Chow no dará marcha atrás porque afirma que no hay nada ilegal en sus diseños y quiere seguir vendiéndolos en sus otras cuatro tiendas.

“No queremos que los hongkoneses se acostumbren a cosas tan ridículas”, remató.

Hong Kong, China. AFP

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