El desafío de los peatones en la ciudad

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@impouruguay

 

Nada es fácil para los peatones. Encuentran obstáculos por todos los lados. En ocasiones son escombros, tinacos, postes, portones abiertos, huecos, comercios, buhonería, vehículos mal estacionados. Todo conspira para que sea difícil transitar en la ciudad de Panamá. Caminar en las veredas es tan dificultoso que el peatón termina utilizando la calle o los hombros de la carretera, todo un riesgo para sus vidas. Parece mentira que los peatones sean una figura ubicada en lo más alto de la jerarquía de la llamada “Pirámide de movilidad”, seguidos de los ciclistas, transporte público, de carga y vehículos particulares. Ese concepto se creó al intentar ayudar a mejorar la seguridad vial en las ciudades.

Un mal hábito es pasar por cualquier punto de las calles, carreteras o pasar trotando por las vías rápidas de los corredores Norte y Sur. Muchas personas saltan la barrera que separa los carriles. MOP
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Si es difícil transitar en las aceras, resulta más complicado realizar el cruce de las calles y avenidas. La principal razón es que los pasos peatonales no están debidamente señalizados ni habilitados, y los peatones deben probar suerte y ser más rápidos que los vehículos. En el 2020 fallecieron 178 personas por atropello a pesar que durante varios meses hubo una movilidad restringida debido a la pandemia. El año anterior, las víctimas sumaron 250 por la misma causa, de acuerdo con la Autoridad de Tránsito y Transporte Terrestre (ATTT).

En este tema no debe caber la palabra “accidente” porque no es fortuito, fruto de la suerte o el destino. Los expertos recomiendan utilizar la palabra “siniestro” porque muchas veces se trata de hechos fatales controlables y previsibles.

Un mal hábito de los lugareños es pasar por cualquier punto de la carretera Panamericana o pasar trotando por las vías rápidas de los corredores Norte y Sur. Muchas personas saltan la barrera que separa los carriles. Para la ATTT, las probabilidades de que una persona sobreviva a un atropello en una autopista o corredor son casi nulas.
No solo es complicado cruzar la vía vehicular, sino saber esperar. Las autoridades recomiendan detenerse antes del bordillo de la acera, en ningún caso pisarlo para evitar ser golpeados o atropellados por vehículos que se desplazan cerca del mismo.

Para cruzar, las autoridades piden que utilicen los pasos elevados, que solo toman de 3 a 5 minutos, un tiempo mínimo si se compara con perder la vida. De hecho, se construyeron nuevas estructuras elevadas en el más reciente proyecto del Ministerio de Obras Públicas de remodelación de la vía Transístmica, en el tramo entre Plaza Ágora y Estación San Isidro.

Si es difícil transitar en las aceras, resulta más complicado realizar el cruce de calles, avenidas y carreteras.

Pero la ubicación de esos pasos es objeto de polémica. Incluso la Fundación de Educación Vial, que dirige la activista Osiris Gratacós le llama “puentes antipeatonales”, llamando a no seguir construyéndolos.

No es que la fundación no esté de acuerdo en habilitar pasos para cruzar los pasos vehiculares, sino que propone que sean pasos a nivel de la calle porque los puentes aéreos resultan dificultosos para personas que tienen problemas de movilidad o alguna discapacidad. La mayoría de estas estructuras no tiene rampas o ascensores. Se convierten, también, en lugares inseguros porque son poco iluminados y aislados, dejando vulnerables a los peatones ante los ladrones.

El debate sobre ese tipo de pasos peatonales lleva a pensar que se quiere dar prioridad a los vehículos, y dejar a un lado a los peatones. Es parte de ciudades no sustentables. Otro de los argumentos de los activistas es que los pasos peatonales tienen un costo muy alto y que podría invertirse ese dinero en mejorar la infraestructura y señalización para beneficiar los peatones. El puente peatonal, en la vía Cincuentenario, cerca de la Universidad Tecnológica tuvo un costo de 1.7 millón de dólares.

Un paso peatonal, en cambio, busca llevar a la ciudad a una escala humana. En lo ideal debe contar con un semáforo para los transeúntes, una señal para reducción de la velocidad, bolardos de protección, un piso especial podotáctil, la señalización del paso peatonal y el reconocido paso de cebra.

Tiene sentido este planteamiento en calles como Vía España o Calle 50, incluso, en pueblos del interior de la República. Pero la pregunta que surge ¿es qué tan viable es habilitar pasos peatonales a nivel en todos lugares que se necesite? ¿En cada esquina o en cada paso en que las personas deban cruzar debiera establecerse el sistema? Parece difícil inclinarse por una sola estrategia. Las necesidades de movilidad son diferentes y están determinados por el flujo vehicular. En algunas ocasiones, no hay otra opción que subir el puente, pero en ciertos cruces o esquinas, se pudiera contemplar el paso peatonal a nivel.

Hasta ahora las autoridades han elegido un modelo de construir puentes aéreos y dejar policías en algunos cruces donde no los haya. Se han diseñado algunos pocos pasos a nivel, adecuadamente señalizados. Lo cierto es que necesitamos, entre todos, bajar el número de atropellos, de víctimas y de lesionados. En la mayoría de ocasiones se trata de personas de la tercera edad.

Para prevenir siniestros, se requiere contar con conductores que manejen con mayor precaución en áreas transitadas por peatones, que respeten las señales de tránsito, que reduzcan la velocidad y eliminen el consumo del alcohol. Los transeúntes también tienen un importante rol que cumplir en el autocuidado. La sociedad, los medios y la educación, en todos sus niveles, deben ayudar a concienciar el problema y a darle atención prioritaria.

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