Universidad de Panamá: ir Hacia la Luz

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Hacia la luz es el excelso lema de nuestra primera casa de estudios y el mismo deja el sello y profundo significado de esta frase: que describe la gran responsabilidad que tiene la institución para con la sociedad tan sedienta de conocimientos y de una visión crítica frente a un entorno volátil, impredecible, complejo y ambiguo, en las siglas ( VICA).

Inspirado en una estatua Florentina de un ciego en actitud de caminar con los brazos abiertos desesperadamente hacia la luz, el fundador de la Universidad, Dr. Octavio Méndez Pereira lo expresó de esta manera en el año 1951: “quien camina hacia la luz, camina hacia el amor y la esperanza, hacia el bien y hacia la verdad. Para Méndez Pereira con amor y esperanza, será fácil en esta nuestra Ciudad Universitaria nacer cada día, ensanchar el horizonte de nuestras aspiraciones y elevar las mentes por la fe en la cultura”. Esencialmente simboliza al ciudadano que llega a la casa de estudios sediento de saber.

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La pregunta que como miembros de la comunidad universitaria debemos plantearnos es la siguiente: ¿estamos actuando con la responsabilidad que adquirimos ante la sociedad de caminar hacia el amor, esperanza, el bien y la verdad? En la Casa de Octavio Méndez Pereira existe mucho capital humano honesto, digno y con grandes valores, con gran capacidad y talento, por la cual ciframos nuestra esperanza en que este tránsito llegará a buen puerto.

Sin embrago subsisten prácticas que, en vez de conducirnos hacia la luz, pueden llevarnos hacia las tinieblas y debemos evitarlo. Para nadie es desconocido las críticas sobre el clientelismo político que existe en nuestra comunidad, el no a la reelección, el silencio de las autoridades respecto al reclamo sobre la dualidad de salarios sin desempeñar el cargo en momentos de crisis, el miedo a formular cuestionamientos y denuncias sobre situaciones que obstaculizan el verdadero rol de la máxima casa de estudios, en donde nos graduamos y laboramos con honestidad y compromiso. Hay que aclarar estos cuestionamientos para que el país sepa la realidad sin maquillaje.

Tan pronto se pregunta sobre alguna actuación particular, anomalía o decisiones irregulares, se califica de enemigo o persona que atenta contra la universidad, pues los trapos sucios deben lavarse en casa. Sin embargo, la universidad debe someterse de manera permanente a una sana crítica y autocrítica para crecer y desarrollarse, sin temor a sentirse atacada ni mucho menos herida.

La conciencia crítica de la nación debe dar ejemplo de una actitud sana ante opiniones que requieren de explicaciones, porque al final es la sociedad que solventa su existencia.

El mismo lema hacia la luz lleva implícito la búsqueda de la verdad, iluminar el camino de los demás, para disipar la oscuridad del entorno. Una senda asediada por la saturación de mensajes a través de las nuevas tecnologías y redes sociales, saturadas de mensajes que disminuyen la capacidad de analizar y pensar en profundidad, por la inmediatez, ante una generación envuelta en la pandemia de la desinformación, con la consecuente infoxicación e infodemia, que anulan la facultad de discriminar qué es verdad y que no lo es.

Iluminemos y reforcemos en nuestra comunidad universitaria, las capacidades intelectuales que no son más que los procesos mentales que nos permiten recibir, seleccionar, almacenar, transformar, elaborar y recuperar la información del ambiente para desarrollar una actitud crítica necesaria que conduzca a comprender y revertir la dura realidad que estamos viviendo. Dejemos este legado en bien de las generaciones Z o centennial, los también llamados nativos digitales, que son aquellos que nacieron luego de mitad de los 90 o mitad de los 2000 y están naciendo actualmente.

La autora es Catedrática universitaria, Presidenta de CONFIARP y Presidenta honoraria de APREPPA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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