Mr. Potus míreme a los ojos

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Biden debe estar preguntándose: ¿por dónde empiezo? No es lo mismo llegar a la presidencia tomando el testigo de la mano de su antecesor, que prácticamente tener que recogerlo del suelo. Ilustración: Anklo.

Cuando se supo que Joe Biden había sido elegido el próximo President of The United States (Potus) el mundo suspiró aliviado. Estas elecciones parecieron un sufragio universal, mientras tanto Donald Trump se dedicaba a levantar un muro donde ya no eran demócratas contra republicanos, sino trumpistas contra el resto del mundo. Y así este personaje logró dividir su partido, pero primero dividió a su país.

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ACP

Joseph Robinette Biden, Jr. es el presidente número 46, un tipo prudente, sensato, que si tuviera la mitad del carisma y elocuencia de Barak Obama, ya estaríamos viendo al próximo John F. Kennedy, bueno siendo un poco optimistas y pecando de exagerados. Ambos católicos e irlandeses, pero con una particularidad Biden es el presidente más viejo en ser elegido, mientras que Kennedy con 43 años fue uno de los más jóvenes, Biden tiene 78 años.

Kamala Harris, su vicepresidente, de 56 años, tiene todos los reflectores fijados sobre ella, por una simple razón: entre los muchos enemigos que Biden enfrentará por la gravedad del cargo, el tiempo es uno de los más importantes, si no el más implacable y feroz. El viejo Biden liderará el país que presume de la democracia más longeva del mundo, cuando apenas acabamos de ver uno de los capítulos más tristes de su historia.

¿Qué le pasó a los Estados Unidos? Si hablamos de sistemas políticos, lo del Capitolio reveló que esta democracia tiene sus déficits. Y esa tara tiene nombre. Allá como en cualquier parte del mundo hay que protegerla de riesgos y amenazas. Biden necesitará más que de su experiencia para remendar el tejido social de su país, que al paso de esa tromba llamada Trump quedó hecho pedazos.

Biden debe estar preguntándose: ¿por dónde empiezo? No es lo mismo llegar a la presidencia tomando el testigo de la mano de su antecesor, que prácticamente tener que recogerlo del suelo. El recibe un país golpeado por la pandemia, la covid-19, por las razones que sean encontró en Estados Unidos terreno suficiente para poner números de alarma. Con la vacuna se buscará revertir de a poco los daños a la salud como a la economía, hay que salir adelante y el mundo mira con atención lo que allá pueda estar sucediendo. Antes de la llegada del virus Trump tenía una economía robusta, no se le puede negar ese mérito, ahora Biden tendrá que concentrase en las secuelas de la pandemia, buscando contenerla y tratando de levantar la diezmada economía.

¿Qué le pasó a los Estados Unidos? Si hablamos de sistemas políticos, lo del Capitolio reveló que esta democracia tiene sus déficits. Y esa tara tiene nombre. Allá como en cualquier parte del mundo hay que protegerla de riesgos y amenazas. Foto: Portada del diario La Stampa, Italia, del 7 de enero. “Erase una vez América”.

En una sociedad tan desigual como la estadounidense un incremento del desempleo y el aumento de la pobreza serán el detonante a grandes reclamos, Biden enfrentará a los opositores y la presión de ponerle un mejor color a los números. De dónde saldrá el dinero para esto, esa será otra oposición que tendrá que enfrentar: impuestos se llama la vacuna.

Biden cuando fue el vicepresidente de Obama estuvo involucrado en los asuntos de América Latina, este hecho hoy debe ser determinante. El debe tener un panorama claro de nuestra idiosincrasia, hoy como presidente cada paso que dé será contado, no por él sino por nosotros. La región está cimbrada y la pandemia vino a agravar los problemas. Biden debe mirarnos como lo que somos, vecinos.

Cuando visitó Panamá en 2013 dijo que América Latina ya no era el patio trasero de Estados Unidos, seamos buenos vecinos entonces. No está obligado a serlo, pero ayudaría mucho que con mejores decisiones se permita un acercamiento, algo distinto al método practicado por su antecesor no será difícil. Trump mostró un desinterés que “cambió” a medida que se acercaban las elecciones, pero cómo olvidar aquello de “shithole countries”. Biden sabe que la covid pondrá las fronteras más calientes, pues el efecto económico de esta se verá lógicamente en un aumento de la inmigración ilegal.

Del río Bravo hacia el sur el embudo se atraganta, no puede prometer nada que ponga en riesgo la seguridad de su territorio, por más que quiera implementar una política distinta a la de Trump, esto le será imposible. Las caravanas, entonces, tendrán que esperar. Lo que sí puede hacer es direccionar ayudas económicas a los países del Triángulo Norte (Guatemala, Honduras y El Salvador). La migración masiva podría ser contenida mientras en la región se avizore un futuro mejor. Se dice fácil, pero todo se agrava cuando uno entra a evaluar el componente político y social de cada uno de estos países.

México, tan cerca de Estados Unidos y tan lejos de Dios, es la suma de todo. Hay que ponerle atención, y más por con quien hay que tratar. Poco le faltó a López Obrador decir que si querían él contaba los votos. Venezuela, Cuba y Nicaragua. Los tres en una sola palabra: democratización. Cómo lo hará, no sé. Empezando con el diálogo, supongo. Este es otro triángulo. Biden debe ser enfático pues el otrora patio trasero está ardiendo, y estos países tienen de aliados a los enemigos declarados del tío Sam.

El avance de China en la región si bien es una amenaza, podría en lugar de generar conflictos ser una oportunidad de buscar acercamientos. Biden no es Trump, pero tampoco Nixon. La manera como Trump manejó la crisis siempre mantuvo en vilo la atención mundial. Foto: Twitter Embajada China, Panamá.

El resto de las naciones, Colombia en particular ha llevado de la mejor manera posible su lucha contra las drogas, pero no es suficiente. Esto es un asunto de Estado, los programas existen y no están sujetos a los vaivenes de la política, claro que hay los que se resisten al ver que esto significa una intervención en sus asuntos internos. Biden ajustando los métodos tendrá que capear el temporal, esta es una pandemia aparte.

De donde nació el virus a Estados Unidos le escoce la piel. Y no solo por ello. China representa una amenaza para cualquiera que sea el inquilino de la Casa Blanca. América Latina ha cedido mucho terreno donde antes era privativo ese espacio solo para las relaciones con los gringos. La soberanía sí da para “comer”, la pregunta es, cuál. Ese distanciamiento aumentó en la medida que los países entraban a tener relaciones comerciales con la China Popular. Esto no se pudo evitar, mientras el dragón crecía por estos parajes, en Estados Unidos señalaban lo inconveniente de estos desplantes. Aquellos socios históricos hoy preferían el camino más corto, ese que les ofrecía China. Eso con Biden debe cambiar, pues la seguridad nacional ve como esa relación comercial disfrazada de acceso a mejores mercados esconde una penetración política.

El liderazgo que Biden impondrá debe direccionar la política económica para mejores resultados, América Latina es el socio comercial histórico de Estados Unidos, lo que haya pasado buscarán la forma de revertirlo. El avance de China en la región si bien es una amenaza, podría en lugar de generar conflictos ser una oportunidad de buscar acercamientos. Biden no es Trump, pero tampoco Nixon. La manera como Trump manejó la crisis siempre mantuvo en vilo la atención mundial. Es aquí donde creo que el mundo suspiró cuando ganó Biden. Debo confesar que a ratos Trump en algunos temas me hacía recordar al general Douglas McArthur, por eso me angustiaba cuando el asunto chino se calentaba.

Como dije cada paso que Biden dé en América Latina, y más al adentrarse en los países grandes con sus grandes dilemas como Brasil, Perú, Chile o Argentina será contado, medido, incluso esperado, pero será como ver a un oso tomando sopa, ojalá no la derrame.

Biden ha estado en Panamá, pero nunca estuvo más presente como aquella vez que apoyó la ratificación de los Tratados Torrijos Carter con su voto en el Senado. Foto: Canal de Panamá,ACP.

El nuevo Potus para un país tan pequeño como el nuestro genera grandes expectativas, tantas como el fortalecimiento de las relaciones diplomáticas y comerciales lo permitan. Nuestro socio y aliado histórico, hoy representado por Biden, dejó pasar un periodo de gobierno en el que simplemente nos ignoraron. Biden ha estado en Panamá, pero nunca estuvo más presente como aquella vez que apoyó la ratificación de los Tratados Torrijos Carter con su voto en el Senado.

El Canal sigue siendo tema, y lo que suceda entorno a él más. De ahí que la atención de la presencia China en nuestro país, al igual que en América Latina es prioridad. Es la geopolítica, estúpido, parafraseando aquel eslogan de campaña en 1992 que se refería a la economía. Las cosas no van a ser tan distintas, seguiremos aquella senda de políticas de Estado, la lucha contra el narcotráfico, bolsas de migración ilegal, la frontera de Darién, y por demás los asuntos domésticos no es tema que demande su atención.

Pero si en Panamá llueve, en el resto de América Latina no escampa, no hay paragua que nos cubra contra la corrupción y las constantes amenazas a la democracia. Biden tendrá por tarea escuchar a todos, ya deben estar los lobistas gestionando audiencias en Washington, esta debe ser distinta, pues no es lo mismo hablar con un hombre que solo se miraba el ombligo que con alguien que de seguro te mirará a los ojos.

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