Historia del canibalismo I

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Hay prácticas consideradas tabú por muchas culturas. Algunas de ellas son tan repugnantes para nuestra sociedad que no dudamos en calificarlas como ‘aberrantes’ o ‘antinaturales’. Hoy, en La Historia Habla, veremos cómo algunas de ellas, no solo no son antinaturales sino que han sido practicadas por muchos grupos y culturas hasta hace relativamente poco tiempo.

El ser humano en general, suele tender a entender como únicas en el reino animal muchas de las costumbres que se practican de forma consuetudinaria dentro del ámbito de la cultura, pero si nos fijamos un poco más a fondo no somos tan originales como nos gustaría creer.

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No es inusual entre los chimpancés que los investigadores registren asesinatos de individuos que han penetrado en los límites territoriales de otros, uno de los últimos hechos de este tipo, que fue documentado en el 2017, fue el el asesinato y posterior consumición del cadáver de un macho alfa caído en desgracia, ocurrido en una comunidad de chimpancés en la sabana de Fongoli en el Senegal. En este caso el lema del Planeta de los simios de “Mono no mata mono”  no es cierto.

Las mantis religiosas y los escorpiones suelen comerse al macho después de la cópula. En el caso de las arañas y dependiendo de las especies, la hembra puede comerse al macho o viceversa, y en otros casos, las crías recién eclosionadas devoran a su madre viva. Aunque lo más común es que muchos insectos se comen a sus propias crías en época de escasez, eso les proporciona nutrientes para sobrevivir, y en realidad las crías, en esas circunstancias tendrían muy pocas posibilidades de supervivencia. Tampoco es nada extraño que las perras, las cerdas o las ratas se coman a sus crías. Incluso los cocodrilos lo hacen.

Se denomina canibalismo a la práctica de alimentarse con miembros de la propia especie cuando nos referimos específicamente a seres humanos y se llama antropofagia cuando seres humanos consumen a congéneres y se definen tres tipos de canibalismo: el ritual, el gastronómico y el de supervivencia.

La palabra caníbal es un término caribe. La palabra caniba o cariba era una palabra del taíno que para ellos significaba valiente, audaz; para los arahuacos, enemigo y para los europeos comenzó a significar comedores de carne humana. Ya que cuando Cristóbal Colón llegó a La Española vio cómo los caribes atacaban a los arahuacos para capturar niños, que eran castrados y engordados para comérselos.

Una costumbre parecida se registra entre los guaraníes, entre ellos la antropofagia era parte del “camino de la perfección”, aguyé. Ya que al ingerir el cuerpo de otro ser humano conseguían un aumento de energía que era imposible de conseguir de otra forma, comerse solo a los mejores los ayudaba a llegar a la tierra sin mal, un estado vital donde no existía el sufrimiento ni la muerte.

También los aztecas tenían esta costumbre de canibalismo ritual, devorando ciertas partes de los guerreros que eran sacrificados en los altares a sus dioses. Hernán Cortés nos relata que muchos guerreros llevaban cargamentos de sal a las batallas para poder salar las mejores piezas de los cuerpos de los enemigos muertos y así conservarlas en el viaje de vuelta a casa para repartirlas con sus familias.

Entre los anasazi, en Norteamérica, el bioarqueólogo Christy G. Turner consiguió extraer hemoglobina humana en algunos de los recipientes cerámicos usados para cocinar. Y no solo eso, sino que, en coprolitos humanos encontrados en uno de los refugios anasazi también se comprobó la existencia de hemoglobina digerida.

Pero esta costumbre es de larguísima data, se han encontrado pruebas arqueológicas de esta práctica alimenticia en varios yacimientos europeos, pero es en el de Atapuerca, en Burgos (España), donde las marcas de los huesos que se han desenterrado en el yacimiento de La Gran Dolina nos prueban que la antropofagia de los Homo antecessor, hace aproximadamente 800.000 años era gastronómica y no ritual ya que los huesos están partidos para extraerles la médula y las marcas y las huellas de los cortes y los golpes son idénticos a los que presentan los huesos de otros animales usados como comida. Es decir, al igual que en el caso de los caribes, no era causado por una situación de estrés alimenticio, ni una hambruna. También el Homo neanderthalensis practicaba de forma habitual el canibalismo gastronómico.

Al parecer el abandono de esta práctica no tuvo nada que ver con temas de conciencia, sino que fue una imposición evolutiva para protegerse contra los priones, cuyo medio de transmisión más común es, precisamente, el canibalismo. Los priones son los responsables de enfermedades como encefalopatías espongiformes que se transmiten entre mamíferos, como por ejemplo la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob.

Una vez que se internaliza en algunas culturas que la antropofagia es un tabú, las sanciones culturales comienzan a imbricarse en la mitología, en muchos casos desde la religión. Como ejemplo de esto podemos leer en la Biblia cómo el canibalismo será uno de los castigos de Yahvé a su pueblo elegido en caso de que este ose desobedecer sus mandatos. “Si aun con esto no me oyereis, sino que procediereis conmigo en oposición, yo procederé en contra de vosotros con ira, y os castigaré aún siete veces por vuestros pecados. Y comeréis la carne de vuestros hijos, y comeréis la carne de vuestras hijas”, Levítico 26, 27-29.

Más allá de considerarse un momento de locura temporal provocado por un dios colérico, el canibalismo por necesidad se ha practicado a lo largo de la historia. Tenemos referencias de numerosos casos en los que poblaciones sometidas a asedios o hambrunas deciden consumir la carne de sus congéneres como única manera de sobrevivir. ​

Una de las crónicas más antiguas que se conserva de esta práctica se dio en Egipto en la época llamada el tiempo de los chacales; estos años terribles fueron provocados por un evento meteorológico global ocurrido hace unos 5000 años conocido como ‘Super Niño’, las hambrunas en el país del Nilo llevaron a la práctica extensa del canibalismo y esta crisis provocó el final del Imperio Antiguo

Pero todo esto que hemos leído hasta ahora solo es un aperitivo, esperen el plato fuerte en la próxima entrega de La Historia Habla.

 

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