Streaming y teoría de juegos, o el poder de las morenas

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La mutación de una industria cinematográfica cada vez más televisiva, basada en el rendimiento de las franquicias de súper héroes, y una televisión cada vez más cinematográfica, con series diversas y audaces, no es casual. Foto: DP

El engranaje de tres acontecimientos, aparentemente inconexos –de orden social, tecnológico y biológico-, definen el futuro del consumo audiovisual global. El primero, la huelga de guionistas en Hollywood que opuso, de noviembre de 2007 a febrero de 2008 a los sindicatos de escritores de la radio, el cine y la televisión, a los dueños de la industria, generando más de 2.000 millones de dólares en pérdidas, poniendo en peligro la ceremonia misma de los Oscars. Nunca la geografía del Big L.A. plasmó tanto las diferencias entre los reclamos de los trabajadores, asentados en la costa, al occidente, y la concentración de las ganancias de los productores, reflejadas en las mansiones de Bervely Hills, al oriente. Diferencia de altura.

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Poco se comenta el efecto de esta huelga en la migración de talento entre Majors y cadenas de cable. La mutación de una industria cinematográfica cada vez más televisiva, basada en el rendimiento de las franquicias de súper héroes, y una televisión cada vez más cinematográfica, con series diversas y audaces, no es casual. Es el resultado de este trasplante de médula. El primer beneficiado fue HBO, con su emblemática Game of Thrones, liderando una horda de altísima calidad. Hasta que en 2012, Netflix se decide por el contenido propio, con su adaptación de House of Cards –original de la BBC-, que electrizó a las audiencias del mundo durante al menos tres temporadas. Proyecto al que las grandes productoras cerraran sus puertas, bajo el argumento que una serie que comienza con el estrangulamiento de un perro por el protagonista, dirigiéndose a cámara, perdería la mitad de sus espectadores en los primeros cinco minutos.

¡Qué equivocados estaban los dueños del negocio! Y cuan acertado estuvo Reed Hastings, fundador y CEO de Netflix, matemático de profesión, al entender que las decisiones estratégicas deben basarse en las estadísticas, respaldando este proyecto. El segundo acontecimiento, fue justamente el cambio de paradigma y de modelo de negocio introducido por Hastings en la industria del entretenimiento, quitándole el poder de decisión a los anunciantes, y poniendo todo el peso en el espectador y en su conocimiento. Los algoritmos y el Big Data empoderaron a los fanáticos, tanto de la serie original, como de Kevin Spacey, el actor, y de David Fincher, director de la serie. El cinismo sin límites de Frank Underwood planeó a sus anchas por años, logrando una libertad creativa nunca antes vista, imposible de lograr en el Broadcast de suscripción por cable, basado en los horarios y la publicidad.

Netflix lo ha entendido, y con Gambito de Dama acepta el reto de convocar bajo un mismo techo narrativo tres públicos diferenciados: nietos, padres y abuelos. Foto: Netflix

El Streaming llegó para quedarse, y una vez superados los 100 millones de suscriptores a nivel mundial, Hastings se sintió con suficiente fuerza para ir a por el cine. Su avanzada comenzó con Okja, de Bon Joon-ho –futuro ganador de 4 Oscars con Parasite-, desatando una polémica sin fin en el Festival de Cannes de 2017, en torno a si una película no exhibida en salas podía presentarse en competencia. La estocada final la dio con Roma, de Alfonso Cuarón en 2019, que obtuviera diez nominaciones y 3 Oscars de la Academia. Los 12 millones de dólares de la producción en México fueron más que triplicados por los 40 millones de lobby que Netflix le inyectó a esta cinta para lograr tal cosecha. Hastings iba por todo. La guerra estaba declarada, el mismo año en que, ante la apertura de sus Estudios en Madrid, el nuevo dueño de las pantallas globales declarara a El País que Netflix invertiría 5000 millones de dólares en contenido, más del doble que la suma de las inversiones de los 5 estudios más grandes de Hollywood juntos. El enfrentamiento este/oeste entre dueños y empleados de Los Ángeles, se trasladaba ahora entre sur y norte de California: Sillicon Valley le disputaba a Hollywood su hegemonía global en la industria del entretenimiento. E iba ganando.

El 2019 cerró con varios anuncios: la marca de la manzana lanzaría su plataforma de streaming en el otoño, Apple TV+, Youtube comenzaba a producir sus propias series, y Disney daba a sus seguidores hasta diciembre para ver su contenido en plataformas ajenas. 2020 marcaría su entrada en la danza. A esto se interpuso la pandemia planetaria, tercer acontecimiento de la hilatura, que no sólo generaría un descenso de más del 80% de la asistencia a las salas de cine a nivel mundial, poniendo en duda la continuidad de este ritual colectivo de casi 130 años. Supuso además, un aumento exponencial de la demanda del streaming, por parte de una audiencia inmóvil y confinada, y el lanzamiento más prolongado que la multinacional del ratón pudiera soñar: en torno a The Mandalorian mercadeó durante un semestre crítico de padres desesperados y críos en casa, mismos que solo Baby Yoda lograba calmar. Los Ángeles le plantó batalla a San Francisco.

Ninguna imagen ilustra mejor el alcance de esta entrada en fuerza -increíble suma de Disney, Pixar, Marvel, Lucas Films, Nat Geo, Fox e ESPM-, a la puja por el mercado global del streaming, en la que ya se encontraban Netflix, Amazon Prime, Apple Tv+, y HBO Now/Go, entre otras, que cierta secuencia de Una mente brillante (2001) refleja. En esta película, un inspirado John Nash trata de explicarle a sus compañeros de la Universidad de Princeton, a través de un ejemplo banal, lo equivocado que estaba Adam Smith, en cuanto a la naturaleza misma de la competencia económica.

Ante la aparición de una impactante Platinum Blonde en el bar estudiantil, infiriendo que tanto él como su grupo de amigos preferirán la rubia a sus amigas, el Nash fílmico razona: “¿Qué tal si nadie va por la rubia? No nos estorbaríamos, no insultaríamos a las demás chicas, y ganamos todos”, concluyendo que al postulado de Smith “…le falta algo. Porque lo que es más productivo es que todos en el grupo, vieran para ellos, y, para el grupo”.

La pandemia planetaria no sólo generó un descenso de más del 80% de la asistencia a las salas de cine a nivel mundial, poniendo en duda la continuidad de este ritual colectivo de casi 130 años. Supuso además, un aumento exponencial de la demanda del streaming. Foto: Disney+

La compensación entre las ventajas competitivas del hardware de Apple, la red de distribución de Amazon, los contenidos de Netflix y HBO y la analítica global de Google, en que la rubia, o la hegemonía del mercado global, ha sido descartada como estrategia económica entre competidores, en aras del bien común, es decir la cartelización del mercado global entre los Big 5, o el poderío de las morenas, ha sido puesto en entredicho. La llegada de Disney+ y su Armada Invencible patean el tablero, obligando a lanzar los dados nuevamente. ¡Se acabó la diversión, llegó Miguelito y mandó a parar!

En el mundo real, la mejor respuesta a la mejor respuesta, sin las cuales no hay, en teoría de juegos, Equilibrio de Nash posible, debe responder a los dos desafíos sustanciales planteados por la llegada de Disney+ al mercado: 1) una oferta de contenido que cubre todo el arco etario de los 0 a los +de 60 años, obliga a los demás a replantearse su producción de contenidos. Netflix lo ha entendido, y con Gambito de Dama acepta el reto de convocar bajo un mismo techo narrativo tres públicos diferenciados: nietos, padres y abuelos. Ya no podrá sacar nueva temporada de Stranger Things, ya que más de la mitad de los referentes de esta evocación nostálgica de los eighties hacen parte del catálogo Disney+. Y 2), todos, especialmente Hastings, tendrán que revisar su negativa a entrar de lleno en el mundo de la transmisión de los deportes en vivo. La presencia de Fox Sports e ESPN en Disney+ no les deja alternativa.

Todos tendrán que revisar su negativa e entrar de lleno en el mundo de la trasmisión de los deportes en vivo. La presencia de Fox Sports e ESPN en Disney+ no les deja alternativa.

Foto: Disney+

Esto, a su vez, replantea nuevamente el modelo de negocio del Anywhere, Anytime al que tanto provecho le ha sacado Netflix. Ya que los deportes LIVE tienen fechas, horarios, y no sobreviven sin publicidad. Hastings desestimó la “Amenaza No Creíble” de Mickey Mouse, que se dio el lujo de meter nuevamente a la rubia al baile. Disney+ no concentró semejante poder de fuego en tantos tableros a la vez para repartirse dócilmente el mercado. Como Netflix en su momento, va por todo. Los competidores deberán decidirse entre la agresividad o la adaptación, lo que los obliga también, a sacar la billetera.

Y en un mundo en el que se compra la pantalla en la que se ve –Amazon.com-, el contenido que se disfruta –Amazon Prime-, la comida que se come mientras se ve y disfruta –Whole Foods- al mismo mega conglomerado, al tiempo que Hastings depende en la mitad de su capacidad de almacenamiento de AWS –Amazon Web Services-, el CEO que se comiera otrora al cable y al cine, no podrá comerse a bes(z)os a Jeff. Netflix, la compañía de Los Gatos, California, no la tiene fácil contra Mickey Mouse, ni contra el Gigante de Seattle.

La rubia pues, tiene lo suyo. Habrá que ver, en este nuevo juego, qué tanto poder y tumbao tendrán las morenas.

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