Voto de Chile por nueva Constitución se convierte en referente regional 

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Los chilenos decidieron este domingo por medio de un plebiscito -con una histórica y aplastante participación ciudadana- que quieren redactar una nueva Carta Magna que sepulte los últimos vestigios institucionales heredados de la dictadura del fallecido general Augusto Pinochet (1973-1990).

Cuando aún no terminaba el conteo de votos, en todas las ciudades de Chile comenzaron masivos festejos. A la Plaza Italia de Santiago, rebautizada como “Plaza de la Dignidad”, llegaron unas 30,000 personas que entonaron la canción “El baile de los que sobran” del grupo Los Prisioneros transformada en una suerte de himno de las manifestaciones.

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Rincón de Lupe

Las celebraciones se prolongaron hasta la madrugada de este lunes, mientras en las cuadras cercanas se producían escaramuzas con la policía antimotines.

La votación masiva se produjo con las limitaciones propias de la pandemia del covid-19 que ha matado a 14,000 personas e infectado a medio millón de chilenos. El empleo de mascarilla, la distancia social, el uso de gel hidroalcohólico y un lápiz propio, así como una mesa de votación sin cortina para facilitar la circulación de aire, no frenaron el ímpetu de la convocatoria.

El plebiscito fue el fruto de un acuerdo político entre sectores de la derecha gobernante, el centro y parte de la izquierda, a través del cual se buscó encauzar el estallido social que desde octubre del año pasado se propagó por las principales ciudades del país y puso en jaque el modelo neoliberal chileno.

Referente regional 

“A partir del rotundo triunfo del ´apruebo¨, de acuerdo al diario argentino La Nación, el gobierno, la ciudadanía y el espectro político deberán lidiar con las amplias expectativas del cambio de la Constitución, pero el primer paso para una gran mayoría de los chilenos ya se dio: decidir en democracia y en completo orden los destinos del país podría significar una referencia para toda la región”.

Según el recuento oficial del Servicio Electoral (Servel) la opción “apruebo”, obtuvo el 78,3% de los votos y la de “rechazo” un 21,7% de un total de 7.6 millones de sufragios de una masa convocada de 14.8 millones de chilenos. Los chilenos también decidieron que la fórmula elaborar una nueva Constitución será la “convención constitucional”, opción que obtuvo el 79% de los votos contra el 21% de quienes se opusieron.

La variante derrotada era una “convención mixta”, compuesta por un 50% de diputados existentes y otro 50% por ciudadanos electos a través de una votación popular.

Mediante la “convención constitucional” todos sus miembros surgirán del veredicto de las urnas y bajo el inédito principio de la paridad de género. Sus integrantes serán escogidos mediante una nueva cita electoral el 11 de abril del 2021.

El nuevo texto constitucional será escrito por 155 ciudadanos electos en esa fecha, 50 % mujeres y 50 % hombres. Aún está por debatir si habrá escaños reservados para los pueblos indígenas.

A partir de entonces tendrán un margen de nueves meses, prorrogables una sola vez por tres meses más, para elaborar la nueva Carta Magna. El texto, el primero en 200 años luego de las constituciones de 1833, 1925 y 1980 escrito mediante un amplio con consenso ciudadano, será sometido a un nuevo plebiscito en el 2022, con voto obligatorio y en el que los ciudadanos decidirán si lo aprueban o rechazan.

“Hoy los chilenos y chilenas han expresado libremente su voluntad a través de las urnas, eligiendo la opción de una convención constituyente, por primera vez con plena igualdad entre hombres y mujeres, para acordar una nueva Constitución para Chile”, dijo el presidente del país, Sebastián Piñera, en una intervención cerca de la medianoche desde el Palacio de La Moneda, sede del gobierno, al reconocer la victoria a la opción del cambio de Carta Magna.

“Hasta ahora –añadió- la Constitución nos ha dividido, pero a partir de hoy todos debemos colaborar para que la nueva Constitución sea el gran marco de unidad, de estabilidad y de futuro. La casa de todos. Para que el proceso constituyente dé frutos fecundos, todos los hombres y mujeres de buena voluntad debemos entregar lo mejor de nosotros mismos”.

Constitución de Pinochet 

Nada parecido al escenario vivido en agosto de 1980 cuando Pinochet convocó a aprobar la Constitución del régimen militar les dijo que debían votar entre dos alternativas: “volver paulatinamente, pero inexorablemente a la noche de los 1,000 días negros de Chile (en alusión al gobierno del derrocado presidente Salvador Allende), o tomar la ruta que patrióticamente estamos señalando”.

Sin contrapeso opositor ni registros electorales y con los partidos políticos disueltos, la dictadura ganó el plebiscito por 66% contra 30%, en momentos que en Chile regía la censura previa y solo un puñado de revistas y emisoras daba cabida a la oposición.

En aquel referendo, en el que votaron poco más de seis millones de chilenos, también se extendió el mandato de Pinochet hasta 1988.

A la oposición se le permitió un único acto el 27 de agosto de 1980, cuando la disidencia aún vivía con temor a la represión, que en los inicios de la dictadura dejó más de 3,000 asesinados y decenas de miles de desaparecidos, torturados y exiliados.

La constitución de 1980, escrita por el ideólogo pinochetista Jaime Guzmán –ejecutado por un comando guerrillero en 1991- impuso en Chile el libre mercado, lo que abrió las puertas a la privatización de la salud, la educación y las pensiones, sobre la base de un modelo de ahorro individual que entrega jubilaciones insuficientes a los más pobres y la clase media.

La dictadura convocó a otro plebiscito en 1988 en que los chilenos votaron por la extensión del mandato de Pinochet hasta 1998 en el que ganó el “No” por un 56%.

En una transición pactada con la oposición de centroizquierda, Pinochet entregó el poder y en 1989 fue elegido –con “resignación y con asco”- el demócrata cristiano Patricio Aylwin.

La Constitución heredada de los militares instaló artículos que establecen que para reformarla se requieren entre dos tercios y dos quintos de los votos de los diputados y senadores, lo que no permitía que fuera reemplazada.

Pero un estallido social que comenzó en octubre del año pasado, seguido de multitudinarias protestas en rechazo a la desigualdad social, llevó a los políticos a un inédito acuerdo para convocar el plebiscito de este domingo.

Compromiso con el sistema

La participación electoral era un factor importante en el referendo, puesto que muchos analistas han subrayado la falta de compromiso con el sistema como una de las razones que contribuyeron a los disturbios del 2019 que se extendieron por más de seis meses con rebrotes puntuales como el ocurrido hace dos semanas cuando dos iglesias fueron quemadas en la capital chilena, ante la permisividad de la policía de Carabineros.

De acuerdo al diario español ABC, el proceso se inicia con una alta legitimidad, al conseguir que votaran más electores que en las elecciones presidenciales pasadas, cuando concurrieron a las urnas el 49% del padrón habilitado. En el plebiscito del domingo votó más del 52% de los chilenos convocados.

El desborde en algunos centros de votación reflejó un inusitado entusiasmo y también reflejó el interés de una generación que, por primera vez en su vida, sufragó en una elección de esta clase y de una ciudadanía que le dio un carácter histórico a la cita.

Sus resultados provocarán un reordenamiento político, toda vez que el gobierno, sus parlamentarios y partidos oficialistas llegaron a la votación con una clara fractura. Al menos 10 ministros del presidente Piñera anunciaron su apoyo al cambio constitucional, mientras otro sector del gabinete, encabezado por el ministro del Interior, Víctor Pérez, mantuvo su defensa a la Constitución impuesta por la dictadura.

En el bando opositor fue notable también el antagonismo histórico entre la Democracia Cristiana y el Partido Comunista de Chile.

El pacto constitucional fue una operación patrocinada por el desacreditado presidente Piñera y la derecha chilena para aplacar el estallido social. Fue una válvula de escape diseñada in extremis cuando la mayoría de los dirigentes de oposición había adoptado una posición táctica en la que creían que el gobierno caería, víctima de su impopularidad y los errores cometidos a la hora de enfrentar la violencia.

En el futuro más inmediato, los expertos estiman que la categórica victoria opositora “suavizará” las protestas iniciadas en 2019. “Van a bajar la intensidad de las movilizaciones porque va a existir una forma de canalizar las demandas, pero no desaparecerán del todo”, reconoció a la agencia EFE, Claudia Heiss, decana de Ciencia Política de la Universidad de Chile.

La votación, la más importante en tres décadas de democracia, se planteó precisamente como la vía institucional para poner fin a la mayor crisis social desde el retorno a la democracia, que dejó una treintena de fallecidos y miles de heridos, además de graves señalamientos por violaciones a los derechos humanos por parte de las fuerzas de seguridad.

No para perpetuarse en el poder 

Cuando se apruebe la nueva Carta Magna en plebiscito del 2022, “Chile dará una señal importante a Latinoamérica, luego de procesos constituyentes que han sido conducidos por figuras populistas para perpetuarse en el poder”, concluyó Javier Couso, catedrático de Derecho en la Universidad de Utrecht, Holanda, citado por el diario español La Razón.

Aunque reformada más de 50 veces en democracia, la Constitución de Pinochet es considerada la madre de las desigualdades del país por fomentar la privatización de servicios básicos.

Para gran parte de la sociedad chilena, el triunfo del “apruebo” supone una victoria de las demandas ciudadanas por un modelo socioeconómico más justo que emanaron de las calles en 2019 y que clamaban por más derechos sociales.

“La Constitución no va a subir las pensiones, ni va a mejorar la educación o la sanidad. Lo que sí va a hacer es responder al problema de la deslegitimación de las instituciones, sentando las bases de unas nuevas que respondan a todas esas demandas”, dijo a la agencia EFE Fernando Atria, constitucionalista y considerado el ideólogo de las protestas estudiantiles del 2011.

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ACP

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