Esperan que el nuevo presidente de Bolivia siga el camino de Lenin Moreno en Ecuador

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Luis Arce, el candidato del Movimiento al Socialismo (MAS), el partido de Evo Morales, realizó el milagro político de imponerse contra viento y marea en la primera vuelta de las elecciones presidenciales bolivianas.

Las encuestas a pie de urna de la consultora Ciesmori consignó con 52,4% de los votos el triunfo de Arce, el hacedor durante una década de la política económica de Morales. El exmandatario Carlos Mesa (2003-2005), abanderado de la alianza de centro derecha Comunidad Ciudadana (CC), logró el 31,5%. Los más de 20 puntos de diferencia a su favor son inmodificables.

Estos resultados no contemplan los datos del exterior, donde los bolivianos participaron de las elecciones en 29 países.

El Tribunal Supremo Electoral señaló que tiene siete días para dar datos oficiales de la votación. Sin embargo, el presidente de la institución, Salvador Romero, aseguró que se trabaja con celeridad para procesar todas las actas de votación. En conferencia de prensa, insistió en que la demora garantizará que los resultados sean fiables y se tenga mayor certeza del proceso.

“Un país a ciegas y un silencio estruendoso”, tituló el diario boliviano La Razón, antes de que se conociera en la madrugada de este lunes el conteo rápido.

“No sabemos si tendremos primero la vacuna contra el covid-19 o los resultados”, ironizó el ministro de Obras Públicas, Iván Arias. Pero luego se puso serio y expresó su temor ante el retorno del “mesianismo” y el “fanatismo”, en alusión al MAS.

Aunque el escrutinio definitivo se hará público este martes, el resultado provisorio ha sido tan abultado que obligó al gobierno de facto encabezado por la presidenta interina Jeanine Áñez a reconocerlo de inmediato.

“Por los datos con los que contamos, el señor Arce y el señor (David) Choquehuanca han ganado la elección. Felicito a los ganadores y les pido gobernar pensando en Bolivia y en la democracia”, dijo Áñez.

La inmediata reacción de la clase política fue aceptar resignada el retorno del MAS al poder luego. Abriga la esperanza de que Arce no siga la línea histórica de su partido y se convierta en una versión boliviana del ecuatoriano Lenin Moreno, quien al asumir la presidencia de Ecuador rompió inmediatamente con su antecesor Rafael Correa. No puede anticiparse que Arce vaya a romper con Morales.

“Vamos a gobernar para todos los bolivianos, vamos a construir un gobierno de unidad nacional, vamos a construir la unidad en nuestro país, en toda esta jornada estamos recuperando la certidumbre. Vamos a reconducir nuestro proceso de cambio, sin odio, defendiendo y superando nuestros errores”, afirmó Arce ante sus seguidores.

Momentos antes desde Argentina donde se encuentra exiliado, el expresidente Evo Morales ya había anticipado la victoria de su partido y anunciado que Arce dirigirá un gobierno de reconciliación nacional.

“Todos los datos conocidos hasta ahora señalan que se ha producido una victoria del MAS. Además, el MAS tendrá mayoría en las dos cámaras de la Asamblea Legislativa”, añadió Morales, quien anunció su pronto retorno a Bolivia, donde tiene cuentas pendientes con la justicia.

Papel de Estados Unidos

En la víspera de las elecciones, la administración de Donald Trump reveló que diplomáticos estadounidenses se habían reunido con Arce y sus dos más cercanos contendientes para pedirles que las elecciones fueran “libres, justas, transparentes y pacíficas”.

“Nos hemos visto con los tres candidatos o con miembros de alto rango de sus campañas”, reveló un funcionario del Departamento de Estado al ser preguntado por la agencia EFE durante una rueda de prensa telefónica.

En concreto, esa fuente indicó que Washington dialogó directa o indirectamente con Arce, el expresidente Mesa, y con el exlíder cívico boliviano Luis Fernando Camacho, situado tercero en los sondeos y que obtuvo 14,1% de los votos.

El funcionario rechazó ofrecer detalles sobre quién había participado en esas conversaciones o dónde se produjeron y se limitó de declarar: “Prefiero decir de manera amplia que esos encuentros se produjeron en Washington y se produjeron en Bolivia. Algunas veces fueron cara a cara y, otras veces fueron virtuales debido a las condiciones del covid”.

Otro de los funcionarios explicó que Washington mantuvo contactos con sus socios internacionales para compartir información y velar por el desarrollo pacífico de los comicios en Bolivia, que en la etapa final registraron decenas de incidentes violentos.

“Dejamos claro a las partes que tienen la necesidad de proteger y defender el proceso y de proteger y defender a la gente”, insistió uno de los diplomáticos estadounidenses.

El secretario de Estado, Mike Pompeo, prometió la semana pasada que su gobierno trabajará con el líder que los bolivianos elijan de manera “libre y justa”, lo que también incluía a Arce a pesar de las diferencias ideológicas con Washington, confirmó uno diplomático estadounidense.

Razones del triunfo 

Durante las primeras horas de este lunes, algunos comentaristas bolivianos trataban de explicar la contundencia de la victoria de Arce. De un lado, su nombre está asociado a los años de bonanza económica gracias a los precios internacionales de los hidrocarburos. Esos días de consumo contrastan con un país cuyo PIB caerá 11 puntos, en gran parte como consecuencia de la pandemia del coronavirus.

Pero, además, la mayoría de los bolivianos condenaron en las urnas a las autoridades de facto. Áñez se autoproclamó con una Biblia en la mano y discursos de hostilidad hacia los pueblos originarios de la región andina.

Su ministro de Gobierno, Arturo Murillo, había asumido el cargo con la promesa de “salir y meter bala” a los simpatizantes del MAS. Varios de sus dirigentes tuvieron que refugiarse en la embajada de México en La Paz. Morales fue perseguido judicialmente.

El modo de abordaje de crisis sanitaria, con cinco ministros de Salud distintos, los casos de corrupción en la compra de respiradores artificiales y la alta tasa de muertos por el covid-19 por habitante -70 por cada 100,000, lo que la ubicó al país en el tercer lugar a nivel mundial- también incidió en el comportamiento electoral.

Quien es Luis Arce

El nuevo presidente de Bolivia, que gobernará por cinco años, tiene una maestría en Ciencias Económicas de la Universidad de Warwick, Inglaterra. Arce, de 57 años, fue uno de los artífices, como ministro de Economía, del llamado “milagro económico” que puso a los bolivianos en los primeros sitiales de crecimiento económico.

En enero, en Argentina, fue elegido candidato presidencial del MAS, mientras que el excanciller David Choquehuanca, su excompañero de gabinete, fue seleccionado para acompañarle en la fórmula. Ambos estuvieron por varios años en el gabinete ministerial del expresidente Evo Morales, desde 2006, cuando asumió el poder con más del 50% de votos en las elecciones de 2005.

Toda su carrera profesional la desarrolló en el Banco Central de Bolivia, desde 1987 hasta enero de 2006. Es docente de pre y post grado en universidades públicas y privadas de Bolivia.

Fue parte de una corriente denominada Chuquiago Boys, que trabajó en una tesis que apostó por fortalecer el Estado. Chuchiago Marka, es como se denomina en aymará a La Paz, la capital boliviana. Desde el cargo de Ministro de Economía consolidó un Estado con mayor presencia en la economía, a diferencia del modelo neoliberal, no solo con fuerte inversión pública sino con brazos operativos a través de empresas públicas.

En 2006 empezó un proceso de recuperación de empresas estratégicas privatizadas o capitalizadas en los gobiernos de corte neoliberal. Además, alentó la redistribución de recursos económicos con el pago de bonos a sectores vulnerables como los niños y jóvenes en edad escolar.

Acompañó a Morales hasta 2017, cuando se alejó para tratarse de un cáncer que afectó su salud. Volvió a otros cargos, una vez recuperado, pero abandonó Bolivia tras la dimisión de Morales por la crisis de noviembre de 2019 derivada de las denuncias de fraude electoral, un paro cívico, un motín policial y la sugerencia de los militares de renunciar. Estuvo exiliado en México antes de regresar a Bolivia.

 

 

 

 

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