Atraco tecnológico

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El artículo 12 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos señala que “Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o a su reputación. Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o ataques”.

Este derecho adquiere mayor relevancia en una época en que los datos se han constituido en la columna vertebral de la nueva economía: provocando que todo lo que hacemos sea espiado, recolectado y controlado por empresas tecnológicas que luego venden o comparten toda esa información con otras empresas o, inclusive, con gobiernos.

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Rincón de Lupe

Vivimos en un día a día ahogados de mensajes y anuncios que inundan nuestros dispositivos digitales sin poder identificar el origen de los mismos y, muchísimo menos, ignorando el proceso por medio del cual fueron adquiridos nuestros datos de contacto.

La pérdida de la privacidad se acentúa desmesuradamente por el accionar continuo de estados y compañías que, basándose en la recolección de nuestra información personal y digital, construyen un sistema económico inmoral, basado en la violación sistemática de nuestro derecho a la privacidad consagrado en el artículo 12 de la ya citada declaración universal.

Esta irrupción en contra de la privacidad individual y la consiguiente acumulación infinita de datos genera peligros de orden personal y social: las empresas procurando manipular los gustos, las percepciones y los comportamientos del cliente a favor de sus productos o servicios; los gobiernos, por su parte, manipulando los miedos y las preferencias del electorado a favor de los candidatos o causas con la billetera más generosa, sin importar si tienen o no los méritos requeridos para gobernar. Pierde el individuo y pierde la democracia.

“Es imprescindible una adecuada regulación que permita a las personas mantener el control de su información personal y proteger su derecho a la privacidad; es decir, preservar esa esfera donde la persona se pertenece a sí misma”, señala categóricamente el mexicano Alfredo Gutiérrez Mena, ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Advertencia que adquiere vigencia en nuestras latitudes donde seguimos huérfanos de leyes y normas que protejan nuestra información y datos tanto personales como digitales.

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