Historia del boxeo I

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Foto: Facebook
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ACP

 “Sugerir que los hombres pueden quererse y respetarse uno a otro directamente, sin el ritual del combate, es malinterpretar la pasión más grande del hombre, por la guerra, no por la paz.

El amor, si va a existir amor, eso vendrá después”.

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Aeropuerto Tocumen

 Joyce Carol Oates

Panamá es un país de grandes boxeadores desde que el primer campeón mundial de boxeo nacido en un país de América Latina, Panamá Al Brown, derrotó a Vidal Gregorio en junio de 1929 en el Queensboro de Long Island, treinta campeones mundiales hacen que el deporte del cuadrilátero sea uno de los más disfrutados en nuestro país, culminando la lista el que es considerado el más grande boxeador latinoamericano de todos los tiempos Roberto “Manos de Piedra”, que quedó invicto en 27 combates profesionales.

No existe un origen común para el boxeo, ya que los enfrentamientos uno a uno, con unas u otras reglas han sido comunes en todas las culturas y las civilizaciones, y podemos afirmar sin temor a equivocarnos que ya entre los primeros homínidos este tipo de enfrentamientos, ya como diversión o entrenamiento, ya rituales o para neutralizar o matar a un rival, eran comunes.

Pero, una vez más la primera mención de una lucha regulada la tenemos en la epopeya sumeria de Gilgamesh:

“Enkidu bloqueó la entrada, plantado como una roca, ocupaba la puerta. Lleno de furia Gilgamesh lo agarró con todas sus fuerzas, enormes brazos se trabaron (…) ambos hombres se tambalearon, cayeron contra las casas las jambas temblaron, se estremecieron los muros (…). Al fin Gilgamesh derriba al hombre salvaje y lo sujetó contra el suelo con su rodilla derecha. (…) La lucha había terminado”.

Encontramos también, en Mesopotamia relieves con escenas de lucha que están fechados alrededor del 5000 a. C.

En Egipto se han descubierto murales completos que son un tratado de lucha, como las pinturas de la tumba de Beni Hassan, perteneciente a la época de las dinastías XI y XII (hacia el 2000 a. C.),  y las de la tumba de Jeruef enmarcada en la dinastía XVIII de Tebas, en la época intermedia entre los faraones Akhenatón y Tutankamón, que muestra a seis boxeadores en posición de combate, con una especie de protección que les cubría desde el puño hasta el codo.

En la civilización minoica podemos destacar dos muestras de la práctica de un deporte reconocible como pugilato o cierto tipo de lucha, en un fresco encontrado en un palacio en la isla en Tera, en la isla de Santorini, se ven representados a dos niños que parecen llevar en uno de sus manos un guante de boxeo y un cinturón ancho. Hacia el 1.600 a. C. en el ritón de Hagia Triada vemos, de abajo arriba, una representación de una versión antigua del pancracio griego, en el segundo relieve encontramos a un contendiente en el suelo y el vencedor, como Gilgamesh, lo sujeta al suelo con una rodilla. En el tercer relieve vemos una imagen de taurocatapsia, y en el relieve superior se aprecian púgiles. Los luchadores llevan un cinturón ancho y un faldellín además de alguna especie de casco de aparato protector en la cabeza, y sus brazos parecen vendados o con algún tipo de guantes.

En Grecia tenemos referencias a combates de lucha en la Ilíada  circa el siglo VIII a. C. en el canto XXIII, “Ceñidos ambos contendientes, comparecieron en medio del circo, levantaron las robustas manos, acometiéronse y los fornidos brazos se entrelazaron. Crujían de un modo horrible las mandíbulas y el sudor brotaba de todos los miembros. El divino Epeo, arremetiendo, dio un golpe en la mejilla de su rival, que le espiaba; y Euríalo no siguió en pie largo tiempo, (…)”; y Homero también nos relata combates pugilísticos en el canto VII de la Odisea.

Pero no fue hasta el 688 a. C. que el boxeo fue incluido en los Juegos Olímpicos, se llamó pygmakhia, pelea de puños. Y el primer campeón de boxeo olímpico fue Onomastos de Esmirna.

Entre los griegos existían diversas versiones de cómo fue la aparición de lucha en la Grecia antigua, en unas se la había enseñado Atenea a los hombres, en otras, Teseo, otros afirmaban que fue Hércules, o su hija Palestra. Pausanias, Platón, Plutarco, Filóstrato, Heliodoro también se refieren al pugilismo. Cada vez encontramos más parecidos con la práctica actual, sobre todo en el equipo y en los entrenamientos, que en Grecia se hacían pegándoles a sacos de arena, korykos. En un principio se vendaban las manos y los antebrazos con correas de cuero que dejaban los dedos libres y esos vendajes con el tiempo evolucionaron a los guantes, guantes que más tarde, en Roma, se tachonaban de clavos.

El pugilismo perdió importancia como deporte en Europa con la llegada del cristianismo aunque en diversas zonas aisladas han sobrevivido ciertas versiones de este tipo de luchas tradicionales, en España el aluche leonés, la lucha cántabra, la lucha baltu en Asturias y la lucha canaria, la Glima islandesa, la S’intrumpa en Sicilia, en Bretaña se encuentran la Catch-gold, la lucha de Cumberland, la de Devonshire, y la de Westmorland entre otras, mientras que en Francia aún se mantienen la lucha bretona y la corsa.

Mientras tanto el boxeo se desarrollaba en Asia a su propio ritmo y con sus propias especificaciones, aunque la reglas definitivas tomaron forma durante la dinastía Ming, entre el 1368 y el 1644. En China, el boxeo tradicional está imbricado en la filosofía de control del chi, la energía interna de todos los seres vivos. En este tipo de boxeo los golpes deben ser controlados sin aspavientos ni exageraciones, enfocando el chi lograrás que tu puño sea ‘pesado como una montaña’.

En el antiguo Siam, en el siglo XIII surge otra variedad de boxeo oriental, el muay thai; aunque no se convirtió en deporte profesional hasta el siglo XVII. Fue en ese mismo momento, cuando el Imperio Británico se expandía por Asia, cuando el pugilismo llegó a Inglaterra de la mano, o mejor dicho, de los puños de los marineros que regresaban de allende los mares. Y en las islas británicas empezó a llamarse box inglés.

Es en Inglaterra donde tenemos el primer registro de una pelea de boxeo, o por lo menos, de algo que ya podemos reconocer como boxeo. En 1681 en una gaceta londinense aparece la reseña de una pelea organizada por el Duque de Albermarle entre su repostero y su carnicero con un premio contante y sonante. Ganó la bolsa, como podría suponerse, el carnicero.

El boxeo es, en esos momentos, una respuesta constructiva al vicio europeo del duelo. La motivaciones para pelear en ese momento, son las mismas que hoy en día, el dinero, o el honor, puesto que en muchos casos comienzan a substituirse los duelos a espada o a pistola por combates de box.

El padre del boxeo moderno nacerá en 1695 en Thames Village, Oxfordshire, y se llama James Figgs, pero de él hablaremos en la siguiente entrega de La Historia Habla.

 

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