Resuelven misteriosa muerte de cientos de elefantes en África

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Enclavada en el cono Sur de África, Botsuana, cuenta con la población de elefantes más grande del mundo. Los 130,000 ejemplares que viven en ese país representan el 30% del total de paquidermos que se desplazan por la sabana africana.

Pueden parecer muchos, pero el gobierno de Botsuana tuvo que prohibir su caza en el 2014. Sin embargo, esa restricción se levantó en febrero, semanas antes de que se declarara la pandemia del coronavirus, para quienes pueden pagar $50,000 por pieza.

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Por eso, cuando entre abril y junio aparecieron unos 330 elegantes muertos en el delta del rio Okavango, se dispararon las alarmas.

Hubo muchos interrogantes porque los cadáveres mantenían intactos los colmillos, la parte más valiosa de la caza.

Se especuló sobre la posibilidad de que un virus portado por ratas los había contagiado, provocando una dolencia mortal en los paquidermos llamada encefalomiocarditis.

Toxina en el agua

El misterio detrás de la muerte masiva de elefantes parece, finalmente, resuelto.

Después de exámenes detallados en Canadá, Estados Unidos, Sudáfrica y Zimbabwe, se llegó a la conclusión de que las muertes fueron ocasionadas por aguas contaminadas con cianobacterias tóxicas.

En las investigaciones, que duraron tres meses, fueron revisados los 330 casos mejor documentados. Los responsables del departamento de Vida Salvaje y Parques Nacionales de Botsuana aseguraron que la muerte de paquidermos, aparentemente sanos y sin señales de violencia, está relacionada con la contaminación del agua que bebieron esos animales en su medio natural.

“Nuestras últimas pruebas han detectado que las neurotoxinas cianobacterianas son la causa de las muertes. Estas son bacterias que se encuentran en el agua”, dijo este lunes el veterinario principal del Departamento de Vida Silvestre y Parques Nacionales de Botsuana, Mmadi Reuben.

Explicó al diario británico The Guardian que un primer informe identificó esas cinobacterias el pasado 25 de abril en las aguas de un lago cerca de Seronga. Desde ese momento los números comenzaron a crecer, y los análisis posteriores hallaron las neurotoxinas en diversas fuentes de agua a las que acuden los animales.

El 70% de los cadáveres fueron encontrado cerca de esas fuentes contaminadas por las algas que producen el agente tóxico. Los elefantes sufrieron trastornos neurológicos, lo que explicaría el comportamiento errático de los paquidermos antes de morir.

Las muertes cesaron después de que se secaron estanques o embalses en los que se encontraban aguas con cianobacterias.

A partir de los datos actuales, las autoridades de Botsuana se plantean campañas de análisis de la calidad de las aguas en parques nacionales y estudio de las variedades de cianobacterias presentes en el medio natural.

Las cianobacterias pueden ser encontradas en prácticamente todo el mundo, tanto en hábitats terrestres como acuáticos, incluso en rocas antárticas y bajo el hielo.

Por lo general, ese tipo de bacterias no producen problemas graves a los animales, pero como tienen la capacidad de hacer fotosíntesis, afloran en el agua y generan toxinas que envenenan la fauna terrestre y marina, incluidos trastornos para el ser humano.

Aparecen en forma natural en el agua estancada y, a veces, crecen en gran medida convirtiéndose en lo que comúnmente se llaman algas verdiazules. Pero no son algas.

Los científicos advierten que esas floraciones tóxicas, pueden hacerse más comunes por el cambio climático porque se favorecen del agua cálida.

Persisten misterios sin resolver

Pero persisten misterios sin resolver. Uno de ellos es las razones por las cuales las pérdidas se limitaron solo a una zona geográfica que compartía la presencia de cianobacterias con efectos neurotóxicos.

Otro, es por qué los elefantes han sido los únicos grandes animales intoxicados. Ninguna otra especie silvestre se vio afectada por el agua tóxica en el área estudiada en el rio Okavango.

Incluso los animales carroñeros, como hienas y buitres, que se observaron alimentándose de los cadáveres de elefantes no mostraban signos de enfermedad.

Los investigadores piensan que los paquidermos podrían ser particularmente susceptibles a ese microorganismo debido a que consumen mucha agua y pasan mucho tiempo bañándose.

A pesar de esas explicaciones, no todo el mundo está tan seguro de que se haya resuelto el misterio.

“Espero que lo que ha dicho el gobierno de Botsuana sea cierto porque descarta algunas de las teorías más siniestras”, dijo a The Guardian Niall McCann, director de conservación de la organización británica National Park Rescue. Sugirió que los elefantes pudieron haber sido envenenados.

Según McCann, para analizar las muestras de tejido, es necesario mantenerlas en condiciones específicas y transportarlas rápidamente a laboratorios especializados. Sin embargo, ese no fue el proceder en Botsuana, cuestión que aún alimenta las especulaciones en torno a las muertes.

“El hecho de que se hayan encontrado cianobacterias en el agua no prueba que los elefantes murieran por exposición a esas toxinas. Sin buenas muestras de elefantes muertos, todas las hipótesis son solo eso: hipótesis”, concluyó McCann.

Elefantes causan abdicación

Precisamente, una cacería de lujo en el delta del río Okavango, fue la que obligó a abdicar al rey Juan Carlos de España. Alrededor de las cinco de la madrugada del 13 de abril de 2012, el entonces monarca español tropezó en su carpa especial, se cayó y se fractura la cadera derecha.

Ese tropiezo fue la pieza que desencadenó el efecto dominó. De los elefantes de Botsuana a la posterior abdicación del rey el 19 de junio del 2014 -exactamente 26 meses después de aquella caída- a favor de su hijo Felipe VI. Y el fin del silencio que acompañaba a la vida amorosa del monarca, entonces ligada a la princesa Corinna zu Sayn-Wittgenstein.

La empresa Rann Safaris, le había organizado dos días antes una expedición para matar un elefante y llevarse la pieza más cotizada entre los cazadores. La foto de Juan Carlos y su amante al lado de un enorme elefante cazado a tiros causó indignación mundial.

Los medios informaron que el animal tenía 50 años y pesaba cinco toneladas, con colmillos de más de un metro de longitud. “Un viaje irresponsable en el momento más inoportuno”, editorializó en aquel momento el diario español El Mundo.

Con aquel tropiezo, Corinna ganó visibilidad y se conoció que la relación sentimental había durado entonces ochos y que su amante enamorado le había transferido $100 millones en el 2008 a su cuenta en Suiza. “Fueron un reconocimiento por cuánto signifiqué para él”, declaró tiempo después.

Después se supo que ese dinero era producto de una supuesta coima de Arabia Saudita. Luego vino la ruptura definitiva en el 2014 y en un berrinche Juan Carlos le pidió que le devolviera todo lo que le había dado. Entre esos los $100 millones y la disputa para recuperarlos.

Corinna manejó por mucho tiempo las cuentas y los negocios no santos -algunos a través de sociedades creadas en Panamá- del abdicado rey español y está usando la información para hundir cada vez más a su examante.

Los elefantes de Botsuana significaron el desmoronamiento, el principio del fin del rey Juan Carlos, y atizaron el creciente rechazo de los españoles por la monarquía. Desde finales de agosto el abdicado rey es huésped de la casa real de uno de los estados del Golfo Pérsico.

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