El reto pandémico de dos biólogas marinas

“Pensamos que no vamos a ser capaces de algo y siempre encontramos la manera de adaptarnos a la situación que nos toque, aunque nos cueste”, Viviana Bravo.

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Foto Smithsonian Tropical Research Institute
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Una experiencia contada desde el Smithsonian, y que reproducimos por el valor demostrado por dos jóvenes científicas que decidieron pasar su cuarentena en la estación de investigación que tiene el centro, en Bocas del Toro, y que amerita ser reconocida.

Carolina César y Viviana Bravo no se imaginaban que, durante parte de 2020, andar unos cien metros en cayuco para recoger una sonda en el mar cerca del muelle de la Estación de Investigación de Bocas del Toro del Smithsonian (STRI) en isla Colón, sería su momento más anhelado del mes.

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Como biólogas marinas y técnicas de investigación de MarineGeo, una red global de científicos que estudia cómo funcionan los ecosistemas marinos costeros, rara vez pasan el día en tierra firme. Su día a día consiste usualmente en navegar en lancha por todo el archipiélago tomando las distintas mediciones requeridas para las investigaciones.

Desde que se implementó la cuarentena total en todo Panamá, sin embargo, la estación cerró sus puertas: los científicos suspendieron sus proyectos y se marcharon y los administradores se fueron a pasar la pandemia en sus hogares en tierra firme. Viviana y Carolina se quedaron. Regresar a donde sus familias en La Chorrera, suponía un mayor riesgo.

Voluntariamente asumieron nuevas responsabilidades para ayudar a mantener la estación a flote. También continuaron algunas actividades consideradas vitales. Entre esas, recoger la sonda una vez al mes para calibrarla.

“La sonda graba datos de salinidad, temperatura, pH y humedad cada quince minutos. Todos los meses tenemos que calibrar ese equipo”, explica Carolina. Esta es una parte importante del programa de monitoreo ambiental a largo plazo de STRI, y los sensores marinos necesitan limpiarse y calibrarse más frecuentemente que otros tipos de sensores. “Salir en cayucos a buscarla era nuestra mayor aventura del mes”.

Si estos datos se perdieran, no habría información para ver si la cuarentena y otros cambios ambientales han tenido un efecto en el mar.

En las mañanas, Carolina y Viviana se turnaban para colectar parámetros de lluvia, salinidad, temperatura y oxígeno disuelto en el muelle. Durante el día revisaban que estuviesen andando bien las neveras con muestras científicas, que los aires en los laboratorios funcionaran, entre otros equipos. Cada dos semanas, recogían muestras de agua de lluvia para otro proyecto científico.

También apoyaron a sus colegas que estaban haciendo teletrabajo, ayudando a solucionar problemas de Internet y asegurando que pudieran acceder a sus computadoras de forma remota.

“El apoyo de Carolina y Viviana durante estos tiempos ha sido invaluable para STRI”, dijo Rachel Collin, científica de STRI y directora de la Estación de Investigación de Bocas del Toro. “Han hecho una variedad de pequeñas tareas para proteger las operaciones científicas en la estación”.

Ambas admiten que la experiencia ha sido un reto mental fuerte, por el cambio del ritmo de trabajo, principalmente. Pasaron de estar todos los días al aire libre, a estar la mayoría del tiempo encerradas. Para Viviana, además, se sumaba la preocupación por su familia: su mamá es enfermera. A pesar de todo, intentan seguir manteniendo una actitud positiva y enfocarse en las enseñanzas que se llevan.

“El mayor aprendizaje de la cuarentena ha sido ver la capacidad de adaptación que tenemos los seres humanos”, concluye Viviana. “Pensamos que no vamos a ser capaces de algo y siempre encontramos la manera de adaptarnos a la situación que nos toque, aunque nos cueste”.

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